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FRANCIA SOCIALISTAS (Perfil)

Manuel Valls, el eterno aspirante de ambición indisimulada

Número dos de François Hollande hasta el pasado diciembre, el ex primer ministro francés Manuel Valls intenta de nuevo colocarse en primera fila como candidato socialista a las presidenciales tras más de tres décadas dedicado a la política, en las que no ha escondido que su objetivo final apunta al Elíseo.

París, 22 ene (EFE).- Número dos de François Hollande hasta el pasado diciembre, el ex primer ministro francés Manuel Valls intenta de nuevo colocarse en primera fila como candidato socialista a las presidenciales tras más de tres décadas dedicado a la política, en las que no ha escondido que su objetivo final apunta al Elíseo.

La primera vuelta de las primarias de este domingo le han reportado un panorama agridulce: se garantizó el paso a la segunda ronda del día 29, cuando se enfrentará al exministro de Educación Benoît Hamon, pero acabó en un inesperado segundo puesto, con un 31 % de los sufragios, frente de los 36 % de Hamon.

En las primarias de 2011 Valls ya había participado, pero le eliminaron al haber logrado un modesto penúltimo puesto y el 5,6 % de los votos.

Esta nueva tentativa llega con la experiencia de su paso por el Ejecutivo.

Fiel a su lema de campaña, que proclama que "nada está escrito", Valls confía en alzarse con la candidatura pese a haber quedado hoy en un segundo lugar que compromete sus posibilidades, sobre todo porque el exministro Arnaud Montebourg, que acabó tercero en las primarias con cerca del 18 % de apoyos, dará su apoyo a Hamon, del ala más a la izquierda.

Autoritario y con imagen de hombre crispado, el exjefe de Gobierno ha sabido suavizar sus gestos en la campaña y se ha erigido en defensor de la unificación de la izquierda, cuyas divisiones veía años antes irreconciliables.

Nacido en Barcelona en 1962, hijo de la suiza Luisangela Galfetti y del pintor catalán Xavier Valls, vio despejada la vía cuando el presidente Hollande anunció por sorpresa en diciembre que renunciaba a la reelección.

Desde una sede electoral moderna y luminosa en la capital francesa, con amplios espacios comunes y un equipo joven, ha engrasado una maquinaria que le ha enfrentado a varios de sus antiguos ministros, como Montebourg y Hamon.

Su lema "Una República fuerte, una Francia justa", lleva impreso su ADN político: la apuesta por la seguridad, de la que se encargó en su etapa de ministro del Interior entre mayo de 2012 y marzo de 2014.

Su dureza en la materia e inflexibilidad en cuestiones como el laicismo, que ya dejó evidente como alcalde de Evry, en la periferia de París, le hicieron en el pasado ganar popularidad, a veces más entre la derecha que en su propio campo.

"La política es una prolongación de la guerra, de forma pacífica, pero a veces con los mismos métodos. Yo soy más bien ofensivo", ha llegado a decir Valls, que por sus orígenes españoles y su estilo marcial ha sido apodado "el matador".

Hijo espiritual del socialista Michel Rocard, heredó el pragmatismo de izquierdas de Lionel Jospin, que le dio su primera gran oportunidad cuando le nombró su consejero de Comunicación en 1997.

En su ascensión política, tras haber empezado en diferentes cargos en administraciones municipales y regionales, no ha tenido miedo de romper tabúes en su propio partido, empezando por la posibilidad de cambiarle el nombre, que en su día vio anticuado.

La falta de apoyos dentro de la mayoría gubernamental, escenificada en la salida de varios ministros por su disconformidad con la línea política del Ejecutivo, como Montebourg, Hamon o el hoy candidato presidencial Emmanuel Macron, le llevaron a aprobar sin debate parlamentario reformas como la laboral.

Valls plantea ahora limitar ese controvertido recurso constitucional solamente a los textos presupuestarios y justifica su cambio de postura alegando que en estos últimos años "la sociedad francesa ha cambiado", y él también.

Padre de cuatro hijos con su primera esposa, la también militante socialista Nathalie Soulié, emprende este combate electoral con su segunda pareja, la violinista Anne Gravoin, una mujer de carácter, independiente y entregada a su carrera.

Valls recuerda en su programa que se "casó" con Francia a los 20 años, en el momento en que obtuvo su nueva nacionalidad, y es consciente de que la izquierda se juega en estas elecciones su propia supervivencia.

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