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Dónde está la bolita
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La paz en los tiempos del NO

Por ahora se tiene un acuerdo de paz más claro y preciso en lo jurídico, pero muy enredado en lo político. Mientras el Gobierno habla de refrendación, el NO habla de revisión.

Durante los primeros años de la negociación en La Habana, uno de los argumentos de los analistas al tratar de explicar la lentitud en la mesa era que los tiempos de las Farc no eran los mismos tiempos del Gobierno Santos. Pero la nueva realidad que planteó el resultado del plebiscito ha invertido los tiempos y mientras con las Farc es posible hacer un nuevo acuerdo en cuestión de días, con el uribismo los tiempos para llegar a entendimientos parecen no tener fecha en el calendario.

Cuando se creía que entre el Gobierno y voceros del NO --el uribismo, especialmente-- se había avanzado en confianza y entendimiento en torno de cerca de los 500 reparos al acuerdo inicial, la presentación del nuevo documento con las Farc prácticamente regresa el debate al 2 de octubre. La decisión de ese sector de tomarse un tiempo para evaluar y presentar conclusiones van en dirección opuesta al anuncio del jefe negociador Humberto de la Calle, según el cual este es el acuerdo definitivo y la etapa que sigue es la refrendación porque “no hay espacio para una nueva negociación".

Aunque el nuevo acuerdo recoge en al menos un 80% las observaciones del NO, la reacción inicial indicaría que se está lejos de un consenso. En una primera declaración sus voceros --sin una lectura a fondo del documento-- destacan que “ha habido ajustes que reflejan algunas de nuestras propuestas”, pero de inmediato subrayan que “no se hicieron muchos de los cambios sustantivos que solicitamos”.

Si bien el ejercicio con las Farc de la última semana deja por fuera un tema medular como la participación en política de los jefes de esa guerrilla, amplios sectores, incluidos algunos críticos iniciales de los acuerdos, han valorado el esfuerzo del Gobierno por atender las observaciones jurídicas y políticas y la voluntad de las Farc de moverse en algunas líneas. No obstante, insuficientes para el gusto del uribismo o del ex procurador Alejandro Ordóñez.

Mejoras en el nuevo texto como la precisión de que todo el acuerdo no entra a ser parte de Constitución sino solo algunas normas de derecho humanitario, el tiempo límite para la justicia especial de paz sin magistrados extranjeros y articulada con la justicia ordinaria, el papel de la Corte Constitucional en las tutelas contra los fallos de la justicia de paz, la exclusión de las Farc de las elecciones para elegir 16 curules en las circunscripciones que darán representación a las víctimas o las presiones o exigencias para que la guerrilla haga inventario de bienes con fines reparadores, entre otros, por ahora no dejan tranquilos a quienes políticamente aprovecharon el voto por el NO. Por eso es muy probable que en la entretela de los 56 ejes temáticos ajustados encuentren argumentos para declararse engañados.

Por hora se tiene un acuerdo de paz más claro y preciso en lo jurídico, pero más enredado en lo político. Mientras el Gobierno y sus aliados ya están hablando de refrendación, el NO va un paso atrás planteando nuevos cambios. Por ahora no es clara la salida para la búsqueda de un acuerdo nacional que le dé amplia legitimidad al nuevo acuerdo. El camino más expedito para el Gobierno es el Congreso. El del uribismo, mantenerse en el NO y usar sus críticas para las elecciones del 2018.

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