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César A. Londoño y Héctor Eduardo Chávez y Edward Acero y Diego Rueda

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Antidoto justo

EE.UU. y Europa: crisis de los sistemas políticos

Los ciudadanos están encontrando en el voto y la abstención una manera de expresar su rechazo a la lejanía de las decisiones políticas.

EFE

Las elecciones en Estados Unidos y la crisis política europea tienen crispado al mundo. Pero más allá, de los análisis coyunturales que pueden leerse en estos días sobre la posibilidad del triunfo de un candidato como Donald Trump en Estados Unidos, el bloqueo de la justicia británica a la primer ministro Theresa May sobre la puesta en marcha del BREXIT o el débil gobierno español que inicia el presidente Mariano Rajoy, debe enfatizarse el análisis en la fragilización de los sistemas políticos.

Hemos concebido el sistema democrático sobre la base de unos regímenes políticos que han permitido, con todos los bemoles que eso tiene, el funcionamiento adecuado de los países llamados desarrollados. Estados Unidos y Europa han sido los bastiones en la construcción de los regímenes políticos en América Latina, África y gran parte de Asia. Pero las cosas están cambiando.

En el caso de Estados Unidos, su régimen presidencial anclado en la Constitución de Filadelfia de 1776 había permitido un blindaje para impedir que populistas o figuras caudillistas desestabilizaran el sistema. El funcionamiento de su democracia fue ejemplo para la construcción de nuestras instituciones nacionales. Sin embargo, las cosas no son fáciles en la medida en que un “outsider” como Trump ha dinamitado todos los controles y los principios del sistema, llegando incluso a advertir en el último debate presidencial que respetaría el resultado de las urnas si ganaba la elección. En caso contrario, no lo haría. Una frase al mejor estilo de las débiles y precarias democracias latinoamericanas o africanas.

Europa, por su lado, no pasa por mejores momentos, sus sistemas parlamentarios tampoco han permitido la estabilidad. El caso español es de referencia. Casi un año sin gobierno, dos elecciones, pulverización de los partidos políticos, rechazo ciudadano a la cleptocracia que se instaló en territorio español y un nuevo gobierno de Rajoy que está destinado a fracasar ante el más nimio movimiento de un parlamento que está más cerca de la disolución que de la Unión. El caso del Reino Unido luego del BREXIT es una referencia que no puede dejarse de analizar, ni hablar de la inestabilidad de países como Grecia, Italia, Austria o Alemania.

Esta crisis del régimen presidencial y parlamentario plantea dos consideraciones. La primera, repensar la democracia como un sistema menos formal y mucho más ciudadano. La verdad es que los políticos al ser elegidos, olvidan a los electores, evento que está rompiendo la gobernabilidad e institucionalidad dentro de los Estados. El ciudadano está encontrando en el voto y la abstención una manera de expresar su rechazo a la lejanía de las decisiones políticas. Un segundo aspecto, reflexionar sobre las emociones en política como ha ahondado la profesora Martha Nussbaum quien desde hace bastante tiempo está poniendo en discusión la necesidad de ponerse en la piel de los ciudadanos y no en el número de su cédula o identidad.

La ciudadanía mundial está enviando señales. Deben escucharse.

Phd en derecho público, Université de Nantes (France), Profesor Universidad Externado de Colombia