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Poder & Política
Poder y Política

El ELN y la paz

Los analistas no saben cómo leer las acciones y pronunciamientos que ha tenido esta guerrilla.

En los últimos días se han presentado nueve ataques del ELN en diferentes zonas del país, principalmente en el departamento de Arauca. En las zonas de influencia elena se envían mensajes a la base social de que no deben manifestarse sobre el plebiscito, ni a favor ni en contra. Incluso, en el departamento de Arauca el ELN se ha opuesto a la movilización de personas que intentan asistir a eventos a favor del Sí. De hecho la población de estas regiones no ha sentido los beneficios del cese unilateral o del cese bilateral.

La postura del ELN no resulta del todo clara, los analistas no saben cómo leer sus actuaciones y pronunciamientos. Pero al menos hay cuatro asuntos claros. Por un lado, el ELN siente que apoyar la agenda de las FARC abiertamente podría ser entendida como una aceptación de la misma y por ende una imposición de dicha agenda. Por ello, los comunicados en torno a la agenda se refieren a que son mínimos, a que la agenda de La Habana no resuelve las causas estructurales del conflicto y que en términos generales es un acuerdo para desmovilizar a las FARC. La crítica es abierta.

Sin embargo, sobre el terreno, la verdad es que si bien el ELN puede ampliar en lo social y político lo acordado en La Habana, también es cierto que en materia de justicia y sobre todo en materia de legitimidad política es difícil que lo acordado entre el Gobierno y las FARC sea modificado, es decir, solo habrá un modelo de justicia transicional y ese modelo se llama la Jurisdicción Especial para la Paz. Igualmente, Plebiscito solo habrá uno, que será votado el próximos 2 de octubre. De tal forma que es inevitable que parte de la agenda de La Habana sea el piso fundamental de la negociación entre el ELN y el gobierno.

Lo segundo que está claro en las actuaciones y declaraciones del ELN es que esta guerrilla no solo no quiere que se le imponga una agenda, sino que no quiere que su realidad política sea opacada por la de las FARC. Igualmente el gobierno colombiano no quiso arrancar los diálogos con el ELN cuando la de las FARC estaba terminando, ya que, desde la visión de algunos asesores presidenciales ello pudo haber torpedeado las negociaciones con las FARC. Al final, la negociación no arrancó y si no lo hace en octubre o noviembre de 2016, será muy complicado avanzar en la agenda puesto que las elecciones del 2018 se atravesarían en medio de la negociación.

En tercer lugar, si bien el ELN en su Quinto Congreso aprobó la salida por la paz, no quedó claro el camino para llegar a ello, y eso se nota en las declaraciones de los diferentes mandos del ELN. A su vez el gobierno nacional cometió errores a la hora del arranque de la mesa, como el exigir el fin de secuestro un día antes de la apertura de las negociaciones en Caracas, aun sabiendo que el secuestro era un punto dentro de la agenda de negociación. Todo ello ha llevado a que ambas partes cuestionen la seriedad de la otra y se hable de un saboteo a la negociación.

Por último, lo que queda claro en el territorio es que el ELN tiene una disputa política con las FARC. Por un lado, las FARC comenzarán a hacer actividad política desde el próximo año, lo cual incomoda al ELN, ya que la base social de ambas guerrillas convive en el territorio. La disputa por este capital político será férrea. Por otro lado, la agenda política de las FARC y el ELN son similares, temas de equidad, pobreza, desarrollo rural o inversión extranjera en los territorios donde operan estas guerrillas.

Así, las cosas la relación entre el futuro partido político de las FARC y el ELN no será fácil, será una relación bastante tensa, y, lo que sería una tragedia es que en los próximos días se presentarán ataques del ELN antes de la votación del plebiscito, lo cual podría causar un temblor político.

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