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Poder & Política

“Una mentira fácil de decir y una verdad compleja de explicar”

Habrá plebiscito y la campaña ha comenzado, el Gobierno ha armado una estrategia muy partidística y el No tiene varios adeptos.

El título que lleva la presente columna, lo leí en un medio europeo días después del Brexit, aquel referendo, en el Reino Unido, que lo llevó a la salida de la Unión Europea. La mentira era fácil de decir, “es mejor salirse de la Unión Europea”, la verdad era compleja de explicar y se refería a las ventajas y costos que traería la salida de la Unión Europea, era una verdad que se debía explicar con cuidado, que iba más allá de discursos nacionalistas, xenófobos y frases y retorica sobre soberanía.

Algo así sucede con el plebiscito que se votará para aprobar o no aprobar los acuerdos de paz firmados en La Habana. Por ejemplo, sobre el mismo se dice que los acuerdos de paz traerán impunidad y el uribismo ha acuñado la frase de “paz sin impunidad”. Sin embargo, el proceso de paz de La Habana y el modelo de justicia que creó, fue diseñado para que estuviera centrado en las Víctimas, en su reparación integral y se basará en la verdad. Así, este proceso crea la Jurisdicción Especial para la Paz –JEP-, en él se establece que las personas que digan la verdad, colaboren para establecerla, reparen y pidan perdón tendrán una pena que se denominó restricción a la libertad. Aquellos que colaboren parcialmente tendrán entre 5 y 8 años de cárcel y a los que no colaboren entre 15 y 20 años de cárcel.

La JEP además crea un tribunal que se compondrá de 5 secciones y cada una de ellas tendrá magistrados nacionales e internacionales. Es decir, a diferencia del proceso de desmovilización de los paramilitares esta vez, mediante la JEP, se garantizará mucha justicia y por ende habrá poca impunidad. Tal vez, para los casos en que se colabore, repare y se diga la verdad no habrá cárcel, sino restricción a la libertad. Pero justicia no es sinónimo de cárcel. En el mundo existen muchas formas para pagar las penas. Así que habrá mucha justicia.

Otras de esas mentiras fáciles de decir es que “en La Habana todo se está negociando en secreto y por debajo de la mesa”. Nada más falso, de hecho, los acuerdos de paz están públicos desde el año 2015 y a medida que se ha avanzado en los puntos se han ido publicando. Cualquier ciudadano puede leerlos y trabajarlos. La gran mayoría de ellos son fáciles de entender. Tal vez, el punto víctimas y en él, el de justicia transicional, es el más complejo. Otra cosa es que la población no los lea o no le interese y se dejen manipular. Aquí resultan muy complicado las estrategias erróneas del gobierno nacional a la hora de difundir los acuerdos y explicarlos. Cuando alguien dice que los acuerdos no son públicos y son secretos realmente hace alarde de su ignorancia, pero todo lo acordado hasta el momento es público.

A todo lo anterior se le suma, por un lado, que el mundo urbano no ha vivido la guerra de forma directa y percibe el tema del conflicto armado como algo lejano al igual que el proceso de paz, por tanto no entiende los beneficios o dividendos de la paz. Además por el modelo de negociación en La Habana durante los primeros años, el gobierno y las Farc no comunicaron o explicaron y se dejaron coger ventaja de las falsedades sobre el proceso de paz, los cuales mucha población da como ciertas. La cosa es tan dramática que en la calle se pregunta “¿es verdad que Santos es de izquierda?”, “llegó el Castro-Chavismo, ¿cierto?” o la frase “Santos le cedió muchos a las Farc”. Estas preguntas que a cualquier persona medianamente informada sobre el proceso de paz le daría risa, son comunes en ciertos sectores poblacionales, de todos los estratos, vale aclarar.

Ahora, ya está claro que habrá plebiscito y la campaña ha comenzado. El Gobierno ha armado una estrategia muy partidística y basada en las élites que dejan duda sobre su alcance para llegar a la base popular. El No tiene varios adeptos, pero aún no se muestran claramente. El Centro Democrático definirá en una semana si se abstiene o va con el No. Las cartas están sobre la mesa y esperemos que la sociedad colombiana este a la altura de este proceso.

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