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Dónde está la bolita

El extraño caso del empleado doméstico

Se trata del uso de lenguaje incluyente más bizarro con el que me haya topado en mucho tiempo.

La semana pasada se aprobó un proyecto de ley que busca beneficiar con primas a las empleadas domésticas del país, pero por alguna razón El Heraldo tituló la noticia como “Aprobado proyecto de ley de primas para empleados domésticos” haciendo que algo entre mis neuronas se desacomodara.

¿Estaba leyendo un titular incluyente a la inversa que buscaba igualdad al meter en un grupo evidentemente femenino a los hombres? ¿Estaba siendo machista al pensar que las labores domésticas corresponden solo a la mujer? ¿Cuántos hombres estarían dichosos con esta noticia? ¿El proyecto cobijaba a jardineros, plomeros y electricistas? ¿Clasifican estas labores como trabajo doméstico?

Di click en el artículo para ir más allá del titular y me topé con que el texto estaba acompañado de la foto de una mujer tendiendo una cama, pero que así mismo el texto aseguraba: “el grupo ciudadano de empleados domésticos se pronunció sobre la aprobación del proyecto de ley en el Senado en su cuenta en Twitter”, completando la información con una imagen de la cuenta EmpleaDAS domestiCAS en las que ELLAS aseguraban “¡Aprobada #LeydePrima para las #trabajadorasdomésticas en Colombia! Gracias, gracias, gracias”.

Raro, muy raro.

A continuación el autor del texto Tony Gallo Flórez, sustentó la noticia con el siguiente dato: “según cifras del Ministerio del Trabajo, cerca de 709mil personas se beneficiarían con esta ley si resulta aprobada en su último debate. El 95% de estas personas son mujeres, muchas de ellas madres cabeza de hogar”, pero aun así tanto en el titular como el cuerpo, privilegió como protagonista de la noticia a una comunidad masculina que prácticamente no existe. ¿Por qué?

Se trata del uso de lenguaje incluyente más bizarro con el que me haya topado en mucho tiempo.

No digo que no existan empleados domésticos (de hecho el artículo señala que son el 5%), ni que no sería una dicha que más hombres se dedicaran a esta labor para hacer más sencillo esto de cambiar la cama de lugar, acabar con algún corto circuito que a uno le da vaina mirar, o taladrar alguna pared para colgar un cuadro, pero lo cierto es que no, que esto no es lo que más sucede.

Si la noticia se hubiera tratado de atención a prostitutas, penas más duras para acosadores sexuales o pronunciamientos del Papa Francisco sobre casos de pedofilia, ¿el periodista habría hablado de prostitutos, acosadoras sexuales y pedófilas al interior de la Iglesia? No creo.

Se trata sin duda alguna del caso de redacción incluyente o de feminismo a la inversa o de machismo a la contra, más extraño de la historia.

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