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EEUU MATANZA (Crónica)

Cuando no figurar en la lista de heridos significa estar muerto

La lectura de los nombres de las personas heridas en la discoteca Pulse, escenario de la peor matanza con armas de fuego en la historia de Estados Unidos, ha marcado por su dramatismo a los asistentes más que ninguna otra de las trágicas situaciones vividas en Orlando (Florida) desde este domingo.

Orlando (EE.UU.), 13 jun (EFE).- La lectura de los nombres de las personas heridas en la discoteca Pulse, escenario de la peor matanza con armas de fuego en la historia de Estados Unidos, ha marcado por su dramatismo a los asistentes más que ninguna otra de las trágicas situaciones vividas en Orlando (Florida) desde este domingo.

"Fue el peor momento de estas 48 horas", dijo a Efe el capellán argentino Pablo Gaitán, que acompañó a las familias de personas que estaban en esa discoteca mientras aguardaban noticias sobre la suerte de sus seres queridos.

El puertorriqueño Ángel Garmendiz, que perdió a once amigos en la matanza que le costó la vida a 49 personas, también dijo a Efe que se vivieron "escenas desgarradoras" cuando informaron de los heridos y sus condiciones médicas, pues no estar en esa lista suponía "eliminar todo tipo de esperanza".

Las 150 personas que llevaban horas esperando angustiosamente noticias de familiares y amigos fueron convocados por las autoridades el domingo a últimas horas de la tarde en un hotel de esta ciudad famosa por sus parques temáticos y centros comerciales.

El camino había sido largo hasta ese momento. Visitas a hospitales, llamadas telefónicas en busca de información sobre sus hijos, hermanos, sobrinos o amigos.

En un primer momento, las autoridades presentes en la reunión confirmaron la muerte de cuatro personas.

Después, un agente de policía leyó la lista con los nombres de los 53 heridos en el tiroteo desatado por Omar Seddique Mateen dentro de Pulse, un centro de diversión de la comunidad gay de Orlando, en el centro de Florida.

Al concluir, los que no habían recibido noticias de los suyos presionaron al oficial hasta que éste, sin encontrar las palabras, dijo, de manera directa, que aquellos que no estaban en la lista probablemente estaban muertos, lo que provocó un llanto desconsolado y gritos desesperados entre algunos de los asistentes.

La tensión acumulada estalló y la gente comenzó a gritar de desesperación, algunos cayeron al suelo presas del llanto, relató el capellán aun bajo la conmoción de lo vivido.

"Fue un momento increíble", dijo, emocionado, Garmendiz, que acompañó en estos momentos a los familiares de sus amigos.

Algunos de los que se quedaron sin noticias comenzaron a ser informados pasadas varias horas y a los otros les pidieron que se acercaran a lo largo del día de hoy a un centro para ancianos situado cerca del lugar de la masacre.

En este centro, donde hoy había psicólogos y médicos, recibieron los familiares información de tipo administrativo, como contactos con los consulados, trámites con las funerarias o ayudas económicas.

Gaitán indicó que uno de los casos más dolorosos que ha vivido en estas horas fue el de un mexicano, de origen humilde, que cruzó la frontera junto a un hermano fallecido en el club Pulse.

El capellán, acostumbrado a reconfortar en el dolor de una pérdida, fue incapaz de explicar lo que supone ver a decenas de personas recibiendo una terrible noticia al mismo tiempo.

"Yo lo que hice fue irme con un abuelito de una víctima puertorriqueña, yo le abracé mientras él lloraba desconsoladamente", recordó.

Otro de los pastores que ayudaron emocionalmente a los familiares de las víctimas, Ángel Marcial, indicó a Efe que dentro de este centro se vive un "ambiente terrible", "muy difícil ponerlo en palabras".

"Hemos estado allí dentro como dice la Biblia, llorando con los que lloran y sufriendo con los que sufren, y diciendo, con un abrazo, 'sigue llorando, estoy aquí para ti'", explicó.

Garmendariz indicó que la comunidad gay latina de Orlando es "muy unida" y al ser tan reducida pasaron de ser "amigos a familia", así que, dijo, con los ojos llorosos, que este domingo perdió a once "familiares", aunque teme que con el paso de las horas ese número aumente.

El boricua, que trabaja en el hospital Orlando Regional Medical Center, cercano a la discoteca y al que enviaron a un gran número de heridos, cuenta que al llegar al centro médico vio "gran desespero, un caos".

"La comunidad latina gay está en 'shock'. Todavía no lo superamos y no lo vamos a superar", dice Garmendiz, incapaz de decir en voz alta los nombres de sus amigos porque "duele" pensar en ellos.

"Mis amigos eran personas muy alegres (...) así que los recordaremos así y continuaremos la vida como sé que ellos eran y les gustaba ser", indicó.

Otro amigo de una de las víctimas, Chris Nico, explicó a los medios que pudo ver en el hospital al camarero del Pulse Rodney Sumter, que recibió tres impactos de bala, lo que no le impidió salir corriendo antes de que se iniciase la toma de rehenes en el interior del local.

Explicó que Sumter estaba atendiendo a una clienta y cuando se giró para tomar una botella comenzaron los disparos y la mujer cayó al suelo muerta.

Nico lamentó que una persona "tan fuerte" esté hoy "roto, sufriendo y dándose cuenta de que pudo haber perdido la vida" por la mayor matanza con arma de fuego en Estados Unidos.

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