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Dónde está la bolita

El tonito de La Pulla

A los detractores de La Pulla les parece que hablar fuerte es un privilegio que solo pueden tener los hombres.

Andan diciendo que La Pulla debería cambiar el tono con el que habla. Que no les gusta que hable tan golpeado, que no hace falta que mire así de feo, que cómo se le ocurre decir groserías, que su humor es soberbio, que molesta la manera en que remarca su inteligencia, que María Paulina Baena (periodista de El Espectador que presenta este espacio) les parecía bonita e interesante hasta que habló a favor de los homosexuales y la despenalización del aborto, que debería ser más delicada y femenina, menos agresiva en su forma de comunicarse.

Palabras más palabras menos, andan pidiéndole a La Pulla que no puye, pero cuando lo hacen no se enfocan tanto en el variopinto temario sobre el cual ha hablado (excepto si se trata de temas cercanos al género), como en el “tonito” que está usando pues consideran que éste no corresponde al de una mujer.

Para los detractores de La Pulla que exponen estos “argumentos” y cuya puya suele ser eréctil, eso de hablar golpeado y mirar directamente a los ojos (a cámara) con gesto severo, decir groserías, exhibir inteligencia más que sonrisas, ser ingeniosa y plantear el chiste en lugar de reírse del que otro está contando, no solo hace que una mujer luzca menos atractiva sino menos femenina, como si cada vez que se expresara de este modo comenzara a crecerle barba y vellos en las piernas, como si un par de testículos y un pene de repente remplazaran su vagina y todo su cuerpo se viera invadido de testosterona.

A los detractores de La Pulla les parece que hablar fuerte es un privilegio que solo pueden tener los hombres.

¿Se les ocurriría pedirle a Uribe que modifique su tono argumentando que este lo hace ver como feito? ¿Alguien criticó de esta manera al personaje de Jaime Garzón, Godofredo Cínico Caspa? Porque ojo, La Pulla también es un personaje.

Quienes critican a La Pulla desde esta perspectiva al parecer no se dan cuenta que lo que critican no es su tono ni lo que dice, sino la manera en que los está confrontando con los prejuicios que tienen sobre género, y que además las pullas que pretenden lanzarle no solo no tienen filo sino que son más bien un poco tristes.

Si de algo les sirve de consuelo, fíjense en que los creadores tanto del espacio como del personaje tuvieron la gentileza de vestir a su presentadora con traje de hombre y corbata, quizás pensando que así, al masculinizar un cuerpo de mujer sería posible que quienes no están acostumbrados a escucharlas cayeran en una suerte de hechizo y se animaran a tomar en serio sus argumentos.

Pd: Para quienes notan con preocupación el baile entre pulla y puya, sepan que la primera se usa para referirse a comentarios hirientes y la segunda a puntas afiladas.

* Las opiniones de este blog no comprometen la opinión de Caracol Radio.

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