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PARAGUAY AGRICULTURA

Protestan en Asunción contra uso de químicos de empresa agrícola Monsanto

Organizaciones sociales y campesinas se manifestaron hoy en el centro de Asunción contra la multinacional agrícola Monsanto, a la que responsabilizan de la contaminación del aire, el agua y el suelo, y de problemas de salud derivados del uso de químicos en los cultivos agrícolas.

Con cánticos a favor de la reforma agraria para la distribución de las tierras, y de la agricultura ecológica, los manifestantes recorrieron las sedes del Ministerio de Agricultura, del Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (Senave), y de la Fiscalía paraguaya (centro).

Las organizaciones responsabilizan a Monsanto y a otras multinacionales agrícolas del acaparamiento de tierras para destinarlas al monocultivo de productos para la exportación, como la soja o el maíz, en su mayoría transgénicos.

Denuncian también que los cultivos transgénicos emplean productos químicos nocivos para el medio ambiente, que contaminan el aire, la tierra y el agua, y resultan perjudiciales para salud de animales y humanos.

Por ello, piden que se promulgue una ley en Paraguay que obligue al etiquetado obligatorio de productos elaborados a partir de Organismos Genéticamente Modificados (OGM), como las que rigen en la Unión Europea, y países latinoamericanos como Bolivia, Brasil, Uruguay o Ecuador.

Además, los activistas sostienen que el cultivo masivo de transgénicos provoca la pérdida de su soberanía alimentaria, dado que los países se ven obligados a importar, legal o ilegalmente, los alimentos que podría producir el propio país.

"El modelo del agronegocio agrícola está aniquilando la soberanía alimentaria. Genera una alta contaminación, pero no tiene en cuenta sus efectos sobre la salud, ya que su elemento central es el lucro, y no la alimentación, que se convierte en una mercancía más", declaró a Efe Marielle Palau, investigadora de la organización Base IS.

Agregó que las víctimas directas de este modelo son las comunidades campesinas e indígenas, que son expulsadas del campo por el avance de las extensiones dedicadas al monocultivo para la exportación.

Pero, además, los consumidores urbanos también padecen las consecuencias del agronegocio, y están "pagando por envenenarse" con alimentos contaminados.

Para resistir este modelo, Palau propuso recuperar las semillas nativas, no modificadas en laboratorio, que "no son una mercadería, sino un patrimonio de los pueblos", y apoyar la resistencia de las comunidades campesinas e indígenas que se oponen al avance del monocultivo.

Por su parte, Miguel Lo Bianco, de la plataforma Ñamoseke Monsanto, dijo a Efe que la multinacional se está fortaleciendo en términos empresariales, pero a nivel de la ciudadanía está perdiendo poder, gracias a que cada vez hay más productores y consumidores interesados en la agricultura ecológica.

Según los cálculos de Base IS, el 92 % de la superficie cultivable de Paraguay se destina a cultivos para la exportación, como el maíz o la soja, y solo un 8 % se dedica a producir alimentos para el consumo interno.

La superficie dedicada al cultivo de transgénicos en el país se sitúa en torno a los 3,5 millones de hectáreas, una extensión equivalente a 4,6 millones de canchas de fútbol, según datos de Ñamoseke Monsanto.

La plataforma afirma además que en Paraguay se vierten cada año 60 millones de litros de productos tóxicos para fumigar, una cantidad que, si fuera depositada en botellas de dos litros puestas en fila, podría cubrir la distancia entre las ciudades de Asunción y Lima, separadas por más de 3.000 kilómetros.

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