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Dónde está la bolita

Abortos del espíritu santo

Ser padre es “echarse la soga al cuello” pero ser madre es “la experiencia más hermosa del mundo” aún si no se desea.

A diez años de la despenalización parcial del aborto en Colombia, en medio de los debates que cuestionan si la ley está siendo respetada cuando se trata de ponerlo en práctica y qué tan necesario es lograr su despenalización completa, sorprende ver cuán desnaturalizados permanecen los hombres frente al tema, cómo condenan ferozmente a las mujeres que abortan o quieren tener el derecho a hacerlo con seguridad, como si abortar no fuera una práctica de la cual han sacado provecho, como si por cada bebé abortado por su madre no existiera también un padre que lo abortó antes.

¿Cuántos no se han dado el lujo de salir corriendo al saber que esperan un hijo, seguros de que éste jamás reaparecerá en el futuro y que ellos ni siquiera tendrán que asumir los gastos del procedimiento? No hace falta un estudio para afirmar que por cada uno de los 400.000 abortos clandestinos que se realizan anualmente en Colombia existe un padre que camina tranquilamente por ahí sin sentirse desnaturalizado, asesino o irresponsable, en tanto por cada uno de esos se pueden decir que casi 200.000 mujeres murieron debido a las complicaciones de una mala praxis, y que las que sobrevivieron lo hacen sintiendo culpa y vergüenza simplemente por haberse resistido a ser madres a la fuerza.

En un país en el que contrario a cualquier lógica un bebé abortado tiene una madre malvada e irresponsable que al parecer tuvo relaciones con el espíritu santo, en donde causa gracia que un hombre asegure no saber cuántos hijos (o abortos) tiene encima, y ser padre es “echarse la soga al cuello” pero ser madre es “la experiencia más hermosa del mundo” aún si no se desea, no se entiende (o mejor, se entiende perfectamente) porque abortar es una acción que le compete solo a ella, pero condenarlo, legalizarlo o complicarlo le compete tanto a él.

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