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LIBIA CONFLICTO (Ampliación)

Gobierno en Trípoli renuncia y deja el poder en manos del gabinete de unidad

El gobierno libio en Trípoli, presidido por Jalifa al Gauil, anunció hoy que cesa voluntariamente en sus funciones, apenas una semana después de la entrada en la capital del Gobierno de unidad nacional y del Consejo presidencial designado por la ONU, que ahora asumen el poder.

"Informamos sobre el cese de nuestra autoridad ejecutiva, tanto del primer ministro, como de los ministros y parlamentarios del gobierno de salvación nacional", aseguró la entidad en un comunicado difundido en la página web del Ministerio de Justicia que controlaba hasta hoy.

"Renunciamos ante Dios primero y ante nuestro amable pueblo después y (nos desvinculamos) de todo acontecimiento que pueda ocurrir en el futuro. Siempre hemos trabajado en interés de los libios", agregó.

En la nota, el citado Ejecutivo -que la comunidad internacional no reconocía desde las últimas elecciones- subraya, además, que su política siempre ha sido "evitar y alejar el espectro de los conflictos armados".

La renuncia se conoce apenas unas horas después de que aterrizara en Trípoli el enviado especial de la ONU para Libia, Martín Kobler, uno de los hombres que más han presionado para que el gobierno de unidad se trasladara a la capital pese a carecer del reconocimiento de los dos gobiernos rivales de Trípoli y Tobruk.

Y deja el poder en la capital en manos del gobierno de unidad, que se ha topado, no obstante, con un enemigo inesperado en el este el país.

El Parlamento de Tobruk volvió a intentar reunirse de nuevo esta semana para votar la necesaria aprobación del gabinete, pero fracasó una vez más debido a la falta de "quorum" y las disputas internas de los que se oponen a él.

El jefe del gobierno en Tobruk, Aqila Saleh, insiste en que no cederá el poder ni reconocerá al gobierno de unidad hasta que este no logre el voto favorable de la Cámara, reconocida por la comunidad internacional.

Tras meses de tensiones y disputas, el gobierno de unidad se trasladó la semana pasada a la capital desde Túnez y de momento ha sido capaz de asentarse y lograr el apoyo del Banco Central de Libia (BCL), de la Compañía Nacional de Petróleo (CNP) y de una decena de ciudades del oeste, así como de las poderosas milicias de Misrata.

Libia es un estado fallido, víctima del caos y la guerra civil, desde que en 2011 la comunidad internacional contribuyera militarmente a la victoria de los rebeldes sobre la dictadura de Muamar al Gadafi.

De la situación han sacado provecho grupos radicales como la rama libia de la organización terrorista Estado Islámico que en el último año ha ampliado el territorio bajo su control e incluso establecido un nuevo bastión en la costa del Mediterráneo.

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