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PAPA MÉXICO (Crónica)

Un Zócalo animado pero no repleto deposita en el papa sus deseos para México

En el breve recorrido del papamóvil por la plaza del Zócalo capitalino, los asistentes pudieron ver durante unos pocos segundos el saludo amable y calmado del papa Francisco; un momento fugaz que, no obstante, fue suficiente para que los mexicanos depositaran en él sus esperanzas para el país.

México, 13 feb (EFE).- En el breve recorrido del papamóvil por la plaza del Zócalo capitalino, los asistentes pudieron ver durante unos pocos segundos el saludo amable y calmado del papa Francisco; un momento fugaz que, no obstante, fue suficiente para que los mexicanos depositaran en él sus esperanzas para el país.

"¡Que salga, que salga!", clamaba a coro el público de la plaza, que hasta el momento había mantenido su mirada fija en las pantallas que retransmitían el encuentro del papa con las autoridades en el Palacio Nacional, situado en uno de los lados del Zócalo.

Los aplausos de algunos despertaban cuando Francisco hablaba de la juventud, mientras que otros preparaban sus gritos para recibir a Jorge Mario Bergoglio, que iban desde el tradicional "se ve, se siente, el papa está presente" hasta el poco ortodoxo "melón, papaya, Francisco no te vayas".

A pesar de que las gradas estaban a su máxima capacidad, la plancha todavía presentaba algunos vacíos cuando el pontífice finalmente salió para trazar una breve vuelta que le llevó a las puertas de la Catedral, donde recibió las llaves de la ciudad y fue nombrado huésped distinguido.

Tras este breve acto, algunos de los asistentes optaron por marcharse, pero Miguel Ángel y su esposa decidieron "esperar un rato" hasta que el papa vuelva a salir. Para él, acudir al Zócalo constituye un "recibimiento a un año de misericordia", en referencia al Jubileo extraordinario declarado en 2016.

Él, como María Esther, otra capitalina que se encuentra entre el público, piensa que la visita del pontífice, que se extenderá hasta el próximo 17 de febrero, era necesaria para el pueblo.

"Voy a pedirle que abra el corazón de los mexicanos, que está muy duro, muy cerrado, solo queremos cosas palpables", asevera María Esther.

Pero no sólo los mexicanos acuden ante el papa: colgadas de los balcones y vallas se ven banderas de países como Perú, Venezuela o Canadá.

Cynthia ha venido con su marido desde Argentina explícitamente para la visita papal. Esta trabajadora de un hospital se dispone a caminar desde el Zócalo hasta la Basílica de Guadalupe, donde el pontífice celebrará una eucaristía en la tarde.

La compatriota de Bergoglio trae pequeñas flores azules y blancas para preparar un ramo en el que llevará ante la Virgen Morena las "intenciones" de muchas personas de su país natal.

"Algunas son casi imposibles, pero lo azul representa que todo es posible si se cree en Dios", asegura Cynthia.

Las campanas de la Catedral redoblan y el papa abandona el lugar subido en, esta vez, un Fiat 500L blanco, llevándose los últimos gestos de cariño de los fieles que quedaban en las gradas, quienes lanzan al aire sus gestos de despedida.

El Zócalo comienza a vaciarse y las calles que hacen de arterias del corazón capitalino rápidamente se llenan; pronto, en los sitios donde poco antes retumbaban las palabras de Francisco ahora se repiten las incansables expresiones de los vendedores, que ofrecen un sinfín de productos del papa y de la Virgen de Guadalupe, patrona de las Américas.

Además de las tradicionales medallas, postales y vasos, una figura del papa de cartón espera a los visitantes para que se tomen una fotografía con él por unos 50 pesos (algo menos de tres dólares).

Una de las mujeres que se encuentra comercializando banderas, uno de los productos más populares, dice que en esta visita, la venta está siendo "más floja" de lo que habían pensado.

Conforme la gente se va alejando del lugar, los conjuntos de católicos se van dispersando y se mezclan con la rutina de los capitalinos.

Y nadie diría que el primer papa latinoamericano se encuentra muy cerca de allí si no fuera porque todavía se vislumbra alguna que otra camiseta con su imagen y porque, de vez en cuando, los comentarios de los viandantes recuerdan cuál es el tema del día, cuando preguntan a sus amigos: "¿Ya viste a Pancho?".

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