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BURUNDI VIOLENCIA

El Consejo de Seguridad de la ONU viaja a Burundi para intentar frenar crisis

Los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU inician hoy un viaje a Burundi con el objetivo de tratar de calmar la situación en el país africano y evitar que la actual crisis derive en un nuevo conflicto étnico.

La visita, la segunda en menos de un año, se produce en medio de un claro incremento de las violaciones de los derechos humanos sobre el terreno, según ha denunciado en los últimos días Naciones Unidas.

Los representantes de los 15 miembros del Consejo de Seguridad tienen previsto reunirse, entre otros, con el presidente burundés, Pierre Nkurunziza, cuya decisión de presentarse por tercera vez a las elecciones, algo prohibido por la Constitución, inició el pasado año la actual espiral de protestas y represión.

Al menos 400 personas han sido asesinadas desde abril, aunque se calcula que la cifra real de fallecidos es mucho mayor, y más de 230.000 se han visto obligadas a abandonar el país.

En medio de temores de un nuevo conflicto étnico, la ONU y otras organizaciones internacionales han advertido repetidamente del riesgo que plantea una escalada del conflicto.

En diciembre, la Unión Africana (UA) autorizó el envío de una fuerza de paz de 5.000 soldados y policías al país para responder a la crisis, una opción que ha sido rechazada frontalmente por el Gobierno burundés.

Nkurunziza, de hecho, advirtió incluso que "luchará" contra esas tropas en caso de que entren en territorio nacional.

A priori, esa situación será uno de los asuntos que abordará el Consejo de Seguridad con las autoridades del país, a quienes han pedido diálogo con la oposición para tratar de controlar la crisis, aunque no todos los miembros están de acuerdo sobre los mejores pasos a seguir.

La embajadora estadounidense, Samantha Power, consideró hoy "importante presionar al Gobierno de Burundi para que permita la entrada de observadores de los derechos humanos y una fuerza internacional para proteger a los civiles antes de que la situación empeore".

La representante de EE.UU., que lidera la misión junto a Francia y Angola, consideró "vital" un "diálogo político inclusivo" frente a la escalada de violencia y el clima de "miedo y tensión" que se vive en Burundi.

En un informe confidencial de principios de enero, la propia ONU reconocía que no tendría capacidad para frenar un estallido de la violencia a gran escala en el país africano.

En el documento se describían tres posibles escenarios, desde un mantenimiento de los actuales niveles de violencia a una guerra étnica, pasando por una escalada del conflicto pero sin llegar tan lejos.

En caso de que las peores posibilidades se hagan reales, la ONU advertía que tendría muchos problemas para responder si no hay cooperación del Gobierno del país.

"El mantenimiento de paz de Naciones Unidas está limitado en su capacidad para actuar ante una violencia significativa contra los civiles, incluso si esa violencia llega a genocidio, donde no dispone de un marco político y el consentimiento estratégico del país anfitrión y/o las partes principales del conflicto", señaló el texto.

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