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Telescopio Global

Riad contra Teherán

El ajusticiamiento del clérigo shiita Nimr al-Nimr acusado de terrorismo por la justicia Saudí generó los hechos de violencia en Irán.

Elocuentes las imágenes de la Embajada de Arabia Saudita en Teherán en llamas y saqueada por una turba que desde el interior de la sede diplomática lanzaba a la calle papeles, computadores, pantallas y cuanto objeto caía en sus manos. Esto no pudo ocurrir sin el beneplácito de las autoridades iraníes tal como cuando ocurrió el secuestro de los diplomáticos americanos hace más de tres décadas o el posterior asalto a la embajada británica.

El “florero de Llorente” de la violencia contra los saudíes fue el ajusticiamiento del clérigo shiita Nimr al-Nimr acusado de terrorismo por la justicia Saudí. Tras el asalto a su embajada Riad rompió relaciones diplomáticas y comerciales con Irán en lo que es un episodio más del conflicto geopolítico entre estos dos titanes que se prolonga por años y tiene varios escenarios en la región. Surrealista el espectáculo de ambos gobiernos acusándose el uno a otro de violación a los derechos humanos y de fomentar el terrorismo temas en los que ambos son indiscutibles líderes.

Desde la caída de Sadam Hussein en Irak y el ascenso al poder de la mayoría shiita aliada de los Ayatolas, los saudíes siente que el Irán shiita está desestabilizando al mundo árabe sunita, inflamando las llamas sectarias de la guerra religiosa entre sunitas y shiitas. La primavera árabe y la anarquía subsiguiente generaron el escenario perfecto para exacerbar la confrontación, primero en Bahréin, posteriormente en Siria y Yemen, sin olvidar el delicado equilibrio sectario en el Líbano país que por su división sectaria completa 18 meses sin presidente.

En Bahréin las protestas de la mayoría shiita al comienzo de la primavera fueron aplastadas por la monarquía sunita de la dinastía Al Kalifha y posteriormente por las mismas tropas saudíes que ocuparon zonas estratégicas de esta pequeña isla en el golfo. Bahréin aliado de Arabia acusó a Irán de estar detrás de las protestas.

La guerra civil en Siria que ya completa cinco años es el escenario más complejo de esta confrontación donde Irán apoya incondicionalmente al presidente Bashar al Assad y ha enviado miles de guardias revolucionarios y a la milicia libanesa Hezbollah a combatir a los rebeldes, mientras que Arabia apoya a varios de los grupos insurgentes que buscan la salida de Assad. El Estado Islámico –ISIS- en su momento recibió importante apoyo financiero del Golfo y posiblemente sigue recibiéndolo. La escalada actual y entre Riad y Teherán poco ayuda a la elusiva búsqueda de una solución a la guerra en Siria, que de todas maneras no perece tener alguna.

En Yemen tras la caída del dictador Ali Abdulá Saleh -33 años en el poder- los rebeldes Houtties shiitas basados en el norte del país en la frontera con Arabia, aprovecharon el vacío de poder y comenzaron una exitosa ofensiva que los llevó a ocupar la capital Sana y casi todo el país hasta que Arabia, en pánico ante la posibilidad que en su frontera sur se estableciera un régimen pro iraní, comenzó una campaña aérea de bombardeos que ha dejado miles de civiles muertos pero que ha recuperado parte del territorio para el gobierno del presidente Mansur Hadi, colocado en el poder por los saudíes. Esta guerra no parece tener un final cercano y al igual que en Siria ha dejado al más pobre de los países árabes en ruinas.

Aunque se trata de un conflicto geopolítico por poder, ambas partes Irán y Arabia han fomentado el odio sectario entre shiitas y sunitas atizando el fervor religioso en las masas con lo que la situación se vuelve doblemente explosiva. El acuerdo nuclear que firmó Irán con las potencias del P5+1 fue recibido por Arabia y por otros países de la región, Israel incluido, como una “traición” por parte de Estados Unidos a sus aliados tradicionales y aumentó su sensación de vulnerabilidad, lo que en parte explica la escalada actual. En el Reino hubo también cambio en el trono y el actual monarca Salman bin Abdulaziz y su hijo, tercero en la línea de sucesión, abogan por una política regional más agresiva que la de sus antecesores. El desplome en los precios del petróleo se da en parte por la negativa saudí a moderar su producción en conjunto con los demás países de la OPEP y afecta seriamente a Irán que está reintegrándose al mercado petrolero global tras el levantamiento de las sanciones.

En un medio oriente anarquizado la escalada entre Arabia Saudita e Irán agrega más leña al fuego que consume gran parte de la región, exacerba las tensiones religiosas y dificulta sobremanera la búsqueda de soluciones a los múltiples conflictos que azotan la zona y cuya solución requiere el concurso de ambos, árabes y persas.

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