Venezuela en la encrucijada

El chavismo ha dado a entender que no compartirá el poder con la oposición ni siquiera para resolver las calamidades que enfrenta el país.

El secretario de la Mesa de la Unidad de Democrática, Jesus Toreralba, durante una rueda de prensa en Caracas. / Efe

Tras la aplastante victoria de la oposición en las pasadas elecciones legislativas del 6 de diciembre, contrastan sus declaraciones conciliatorias con las reiteradas agresiones del chavismo derrotado y sus máximos jerarcas, comenzado por el gran perdedor de la jornada, el Presidente Nicolás Maduro, para quienes las elecciones son legítimas siempre y cuando se ganen, de lo contrario deben ser desprestigiadas a como dé lugar.

Maduro justificó su derrota en la “guerra económica de la élite burguesa parasitaria decidida a destruir el modelo igualitario e inclusivo de la revolución”. Más grave aún, en círculos chavistas citados en el portal Aporrea, adepto al régimen, se hace un llamado a “construir la contraofensiva revolucionaria a través del gobierno de la calle durante los próximos tres años”. La actual Asamblea Nacional chavista ya está aprobando diversas leyes y nombramientos en el Tribunal Supremo de Justicia cuyo objetivo es limitar al máximo el margen de maniobra de la nueva Asamblea Nacional opositora que toma posesión en enero. Esta actitud revanchista y de malos perdedores no augura nada bueno para el futuro de la República Bolivariana y conduce únicamente a una profundización mayor de la polarización, la estigmatización, los enfrentamientos y la crisis.

La disputa política en Venezuela no puede ser entendida como la lucha de partidos en un sistema democrático tradicional en el que lo natural es a veces ganar y a veces perder. Para el Partido Socialista Unido de Venezuela –PSUV- , Venezuela y el chavismo son una unidad indivisible y “su pueblo” incluye únicamente a los que apoyan la revolución bolivariana. No existe oposición leal ni legítima, sino “pitiyanquis”, conspiradores y vendepatrias.

En ese ambiente crispado en el que Maduro no acepta la derrota, amenaza con vetos a la legislación de la Asamblea Nacional y dispone de las demás ramas del poder público para aplastar a la oposición, los que van seguir “llevando del bulto” son los atribulados venezolanos que a diario sufren la inseguridad, escasez y desesperanza y son testigos de una desbordada corrupción en las altas esferas de la revolución. La colapsada economía venezolana requiere de medidas de choque que sólo pueden ser implementadas por un Estado armónico, dispuesto a enderezar el camino antes que estalle la explosión social consecuencia de una economía en caída libre.

El chavismo ha dado a entender que no compartirá el poder con la oposición ni siquiera para resolver las calamidades que enfrenta el país y dado el caso, ya sea por elecciones o por revocatoria, no lo abandonará, por lo que vienen días aciagos para una Venezuela presa de un régimen que no tiene en sus planes abrir las rejas. La calle podría convertirse en escenario de luchas interminables y violentas y quizás sea el ejército, cooptado también por el ejecutivo, pero que parece haber dado tenues muestras de independencia en los pasados comicios del 6D el llamado, dado el momento, a dirimir la lucha de poderes o hacer entrar en razón al chavismo de la necesidad de buscar un salida del atolladero en colaboración con la nueva Asamblea Nacional. El chavismo enfrenta además un entorno regional significativamente menos favorable que en el pasado reciente, en el que con la excepción de Raúl Castro, no parece haber ningún líder con influencia sobre Maduro para inducir una dosis de pragmatismo en el mandatario venezolano y su gobierno.

La victoria de la oposición ha generado inmensas expectativas que dada la dimensión de la crisis es difícil que se cumplan en circunstancias normales, menos aún con el chavismo empecinado en recuperar lo perdido a como dé lugar. La Mesa de Unidad Democrática -MUD- tendrá que sopesar muy cautelosamente cada movida, cada ley que promueva en la Asamblea, cada declaración, evitar caer en las trampas chavistas y mantener su unidad a toda costa. Su gran arma, el referendo revocatorio, mal utilizado o a destiempo, podría significar su perdición. Tras la euforia del triunfo opositor viene el duro aterrizaje en un pantano atestado de cocodrilos y pocas ramas de donde asirse.