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‘Pecoso’ Castro, técnico trabajador, disciplinado, sincero y honesto con el fútbol

El entrenador es capaz de generar odios y amores con su manera de ser.

*Por José Alberto Ortíz

A sus 66 de edad, 46 de ellos dedicados al fútbol, Fernando “Pecoso” Castro Lozada el técnico del Deportivo Cali es capaz de generar odios y amores con su manera de ser. Fácilmente se despoja de la camiseta de su amado equipo para entregársela a una persona en situación de discapacidad, en plena pista atlética del estadio de Tuluá o visitar en su lecho de enferma a una hincha de siempre, Abigail, a quien el cáncer la ataca despiadadamente y en su agonía clama la presencia de “don Fernando” como lo hizo este semestre en Yumbo; pero de igual manera puede originar ácidas críticas de parte de los rivales y algún sector de la prensa especializada porque lo consideran heredero de Carlos Bilardo, por sus “mañas” para sacar ventaja en las canchas.

No en vano se recuerdan pasajes de su historia como jugador y como técnico en los que ha recurrido a cosas como aplicar Vick Vaporub en los ojos Ernesto Mastrángelo en la final de la Copa Libertadores ente Cali y Boca Juniors de Argentina en 1978. Siendo técnico de América de Cali, propinó jalón de melena a Claudio Husain de River Plate en partido de Copa Libertadores. O recientemente tiró una camilla del personal de la Cruz Roja, a la cancha en Barranquilla, durante un juego por la liga colombiana ante Uniautónoma. Todo con un propósito, bajar el ritmo al partido o desconcentrar al rival, para lograr el objetivo con su equipo. Al respecto un día afirmó a la prensa deportiva de Cali: “De mi pueden decir que soy mañoso, pero nunca, nunca desleal o deshonesto. Lo que yo hago, lo hago delante de todos en un estadio, ante las cámaras donde todos me ven, nunca hago cosas por debajo de la mesa, ni a escondidas”

Así es “el pecoso” Castro. Un hombre auténtico. Habla de fútbol sin términos rebuscados, lo hace de manera simple y a veces tosca, al punto de que algunos de sus detractores manifiestan que maltrata a sus dirigidos, pero hasta ahora nadie se ha quejado. Es enfermo por el fútbol, dice que no puede soportar mucho tiempo lejos de una cancha, en su rostro y su cabello fácilmente se pueden encontrar evidencias de su duro trasegar por la vida. De los días de sol dirigiendo las prácticas del Deportivo Cali, y antes en otros clubes, corrigiendo, gritando, gesticulando, pateando, haciendo sonar su pito una y otra vez en procura de la perfección. Es un trabajador del fútbol, con defectos como todos nosotros, de carácter recio, pero con un lado muy humano que fácilmente lo traiciona y lo lleva al polo opuesto donde se emociona, se quebranta, se conmueve y llora, ante un recuerdo o una situación que requiera solidaridad o compasión.

Fernando Castro como jugador actuó desde 1969 en el Once Caldas, Quindío, Deportivo Cali, Independiente Santa Fe y retornó al Once Caldas, para retirarse en 1984. Fue lateral de la Selección Colombia en la Copa América de 1979 y la eliminatoria mundialista de 1982. Tres años luego de su retiro, dio sus primeros pasos como entrenador a cargo del Deportes Quindío y ha ido dando saltos entre Cali, Independiente Medellín, Cúcuta, Envigado, Santa Fe, Once Caldas, Atlético Huila hasta retornar al equipo del cual es hincha y al cual le devolvió parte de esa gloria perdida, por 17 años, ganado la liga colombiana primer semestre en la presente temporada.

Pecoso Castro como director técnico ya había sido campeón con el Cali en 1996, ahora busca su segundo título consecutivo con el once azucarero y espera con ansiedad la Copa libertadores del 2016, por que como él dice: “Yo no me conformo con nada en el fútbol y cada vez quiero mas y mas”.

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