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Telescopio Global

Partición

La decisión de las Naciones Unidas por la partición de Palestina en dos estados, conllevó a una disputa entre los pueblos judío y árabe.

Por estos días se cumplieron 68 años de una de las más trascendentales resoluciones adoptadas por Naciones Unidas desde que estas fueran creadas en 1945 en San Francisco. El 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General en una de las votaciones más disputadas en la historia del organismo, por 33 a favor, 13 en contra y 11 abstenciones, se aprobó la partición de Palestina en dos estados, uno árabe y uno judío, con base en la propuesta presentada por UNSCOP, un comité establecido por el Consejo de Seguridad cuya misión fue recomendar una solución justa al conflicto que en ese momento arreciaba en la zona, aún bajo control británico, entre judíos y árabes.

Concluía así el Mandato británico sobre Palestina –Tierra de Israel-, encomendado a la corona por la liga de las Naciones en 1920 tras las Conferencias de París y San Remo, en las que se labró la actual configuración política del Medio Oriente. Una arquitectura colonial que ha hecho agua en los últimos años con el colapso de los Estados en Siria e Irak, la desaparición de le la frontera común entre los dos países, la creación de facto de un cuasi-Estado kurdo en Irak y en Siria y extensos territorios bajo dominación del Estado Islámico. Una anarquía que no ha encontrado una adecuada respuesta por parte de la comunidad internacional distinta a congestionar los cielos con bombarderos cada una a la caza de su presa.

A la palestina histórica los ingleses le cercenaron toda la región al este del rio Jordán, dos terceras partes de su extensión y se la “regalaron” a la dinastía Hashemita, aliados de los ingleses durante la primera guerra, quienes habían sido expulsados de su reducto en Arabia por la dinastía de Ibn Saud. Así se creaba el Reino Hashemita de Jordania.

En el territorio entre el rio Jordán y el Mediterráneo con una extensión de unos 22 mil kilómetros cuadrados se aplicó el mandato británico. El texto oficial del mandato de la Liga de las Naciones obligaba a Inglaterra a implementar la “Declaración Balfour” por la cual el “gobierno de su majestad” se comprometía a crear un “hogar nacional judío en Palestina”. El texto del Mandato reconocía el vínculo historio del pueblo judío con la Tierra de Israel a la cual dos milenios antes los romanos le dieron el nombre de “Palestina”. Fue en los años del mandato británico que comenzó el conflicto entre palestinos y judíos

La resolución de partición de la ONU hacía justicia a ambos pueblos, el árabe-palestino y el judío, ambos con derechos históricos y religiosos sobre ese pequeño territorio. Sin embargo mientras la partición fue aceptada y celebrada por los líderes judíos en Palestina y en general por el judaísmo mundial, los países árabes se negaron a acatar la decisión de Naciones Unidas y advirtieron que no permitirían la creación de “ese estado Judío” en tierras que consideraban suyas. Israel declaró su independencia el 15 de Mayo de 1948, un día después de la retirada de las tropas británicas y ese mismo día el naciente Estado fue atacado por ejércitos árabes que buscaban aniquilarlo en su cuna. Sin embargo Israel prevaleció, gracias entre otros al apoyo en armas de la Unión Soviética. La guerra concluye un año después con las consecuencias de la no creación del estado palestino y el problema de los refugiados palestinos.

Lo demás es historia. Un conflicto que cumple un siglo sin solución a la vista, procesos de paz fracasados, un liderazgo palestino que se niega a reconocer el derecho de los judíos a su Estado, irremediablemente dividido e incapaz de tomar las decisiones que conduzcan a un acuerdo de paz sobre la base de la universalmente aceptada solución de dos estados y un apocalipsis regional que hace aún más difícil acometer la búsqueda de la tan anhelada paz y convivencia entre los dos pueblos.

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