Terror en París

Los ataques terroristas en París demuestran una vez más que la guerra contra el terrorismo se gana hasta el siguiente atentado.

EFE

El Presidente Francés Francois Hollande declaró que los atentados en París son un “acto de guerra” y prometió “represalias sin compasión” contra los atacantes. Dado que este último ataque ocurre apenas meses después de los cometidos contra Charlie Hebdo y el supermercado judío, tras lo cuáles también se había declarado una “guerra sin cuartel”, las palabras suenan “huecas” y son prueba fehaciente de los limitadas opciones con que cuenta el gobierno galo, más allá de continuar los ataques aéreos contra el Estado Islámico en Siria lo que no tendrá ningún efecto disuasivo frente a los terroristas que ya están o llegarán a Europa listos para el siguiente ataque.

Una alternativa que parece inevitable ante la magnitud de lo ocurrido sería emular el “acto patriótico” promulgado por el Congreso de Estados Unidos tras los atentados de septiembre 11, lo que podría estar en abierta contradicción con las tradiciones libertarias francesas. Reforzar al máximo la seguridad interna, intervenir comunicaciones, hacer seguimiento a Imanes radicales en mezquitas quienes adoctrinan en el odio y la intolerancia a miles de jóvenes musulmanes emigrantes o nativos, establecer canales para denuncias anónimas, infiltrar organizaciones sociales, rastrear supuestas fundaciones de caridad que no son más que fachadas de organizaciones terroristas, eliminar el beneficio de la duda a sospechosos, controlar las fronteras dentro del mismo espacio Schengen y toda un pléyade de medidas que si bien no eliminan el peligro si pueden hacer más difícil la posibilidad del siguiente ataque. Los terroristas golpean donde pueden hacerlo.

Las organizaciones terroristas islámicas tienen un modus operandi común. El atentado en París no es diferente al que Lakshar E Taiba de Cachemira llevó a cabo en Mumbai, India en 2008 o los de Al Qaeda en Marruecos en 2003, los de Hamas en Israel a comienzos del milenio, los que golpearon el balneario de Bali en Indonesia, los ataques a los sistemas de transporte masivo en Londres y Madrid, los aviones que estrellaron contra las torres gemelas y un largo etcétera. El objetivo es siempre ataques mortíferos y espectaculares para los cuales los medios se convierten en caja de resonancia y vehículo propagandístico por excelencia. Cada ataque “exitoso” le representa adeptos y dinero a las organizaciones yihadistas.

La “guerra contra el terrorismo” tal como está concebida ha sido un monumental fracaso. A Al-Qaeda tras ser expulsado de Afganistán por la intervención americana, le nacieron varios hijos en Somalia, Nigeria, Yemen, el Magreb, Filipinas, Irak, Europa y otros, más letales, más efectivos, más brutales. El Estado Islámico es quizás su hijo más pródigo. Este representa una poderosa ideología que atrae a miles de jóvenes musulmanes a lo largo y ancho del planeta, de todas las clases sociales y orígenes, de la misma manera que el comunismo en su momento atraía masas de adeptos.

París 13/11 podrá tener implicaciones muy negativas en política migratoria europea frente a la marea de refugiados sirios y de otras latitudes que buscan llegar a sus costas. Francia y otros países de Europa quedan contra la pared con limitadas opciones de reacción, expuestos a futuros ataques y con la obligación de hacer todo lo necesario para impedirlos, así sea doblegando principios “sacrosantos” de la sociedad europea.