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Tragedia en Armero es lo peor que he visto en mi carrera de periodista: Luis Enrique Rodríguez

Desde su oficina en el piso 8 de Caracol Radio, el editor nacional de la primera cadena radial colombiana, al que todos conocen como ‘El Profe’, relata sus vivencias de 30 años atrás.

Luis Enrique Rodríguez no se había graduado de la universidad cuando le llegó el momento de graduarse como periodista.

Ocho días después de cubrir los hechos del Palacio de Justica, cuando el país aún no lograba recuperarse del impacto de aquel holocausto, sus jefes de Todelar le asignaron la responsabilidad de informarle al país sobre la tragedia que en pocas horas cobró más de 20.000 vidas y borró a Armero del mapa.

‘El Profe’ recuerda que antes de coger carretera pasó por la casa para recoger ropa y su padre le dio una canasta de gaseosa, bidones con agua y paquetes de comestibles. Aunque en principio no le gustó la idea de llevar esos víveres, su papá insistió, “como previendo lo que podría suceder”.

El equipo estaba listo para transmitir, sabían que había una grave emergencia, sin embargo jamás lograron dimensionar la magnitud de la tragedia, hasta que llegaron a la desaparecida ‘Ciudad Blanca’, que ahora estaba cubierta por lodo y rodeada de desgracia.

Pese a que periodistas de una emisora de Mariquita ya habían advertido que una avalancha habría acabado con Armero, cuenta Luis Enrique que no se les creyó porque no cabía en la cabeza de nadie que algo así pudiera suceder.

Sin embargo, después se conoció el testimonio de un piloto de avioneta que confirmó la noticia y al acercarse a la población ‘El Profe’ y sus compañeros de transmisión fueron testigos de la manera como la naturaleza se había ensañado contra la ciudad.

“Subimos una pequeña colina y llegamos a la parte alta. Fue un momento difícil, muy dramático, porque cuando coronamos quedamos sobre un cementerio, que fue lo único que se salvó en esa época, y en medio de las cruces había mucha gente que había escapado de la avalancha, todos llenos de barro, personas irreconocibles que pedían ayuda. Cuando levantamos la mirada al horizonte encontramos un panorama desolador, una gran explanada y debajo el pueblo de Armero”, recuerda.

Luis Enrique Rodríguez cuenta que el impacto fue tan profundo que no pudieron contener el llanto. Había mucha gente que clamaba auxilio, y aunque quisieran ayudar, no podían hacerlo porque el barro seguía blando. “La situación y el caos fue total. Lo peor que he visto en mi vida y lo peor que he visto en mi carrera periodística”, agrega.

‘El Profe’ afirma que a pesar de no haber sido una víctima, sintió en carne propia el dolor ajeno. Pasaron los días y solo se mantenían con esas gaseosas y paquetes de papas que su padre prácticamente le ordenó llevar. “No había agua ni alimentos, de ahí lo premonitorio de mi padre con lo de las papas y gaseosas, que con eso nos mantuvimos cuatro días”.

“Había que sacar fuerzas de donde no las teníamos”

Fue una semana larga y dolorosa porque tenían que armarse de coraje para poder cumplir con su labor e informarle al país lo que sucedía: adonde miraran, solo veían la desesperación de los sobrevivientes que buscaban a sus familiares y lloraban a sus muertos.

“En una de las transmisiones después de ver el drama de un niño que estaban rescatando me puse a llorar. Era un ejemplo de las Omairas que se repetían a cada instante”, dice Luis Enrique.

Ante el drama de las familias, decidieron abrir los micrófonos a los sobrevivientes para que les enviaran un mensaje a sus familiares, para reportarse y en la medida de lo posible reencontrarse. Varias familias pudieron reunirse de nuevo gracias a esa iniciativa.

Fueron varios días en los que ‘El Profe’ sintió en carne propia la tragedia, junto a su equipo durmió en lugares poco convencionales, sin tener siquiera los mínimos recursos de cuidado personal. Un día fueron a bañarse a un río cercano y tuvieron que presenciar cómo el cauce arrastraba cadáveres.

Al regresar a Bogotá, cuenta Luis Enrique, comenzó a sentir el impacto sicológico. Cuando llegaba la hora de dormir no podía evitar que los recuerdos de la devastación invadieran su mente, “no solo por el tema de los muertos, sino por el tema de las condiciones que vivimos”.

A pesar de que no fue víctima de la tragedia, convivió varios días con aquellos que sí lo perdieron todo, tuvo que aguantar hambre porque no podía comer sabiendo que había familias que no tenían cómo alimentarse, y no pudo estar tranquilo en mucho tiempo por el recuerdo de la gente que veía morir a lo lejos, sin que pudiera hacer algo para salvarlos.

30 años después, mientras coordina el especial de Caracol Radio sobre la desaparición de Armero, ‘El Profe’ recibe un mensaje de su hermana mayor, donde le expresa gratitud y orgullo por haber mantenido informado al país con profesionalismo y sensibilidad. Con el entusiasmo de los primeros días intacto, Luis Enrique Rodríguez deja a un lado el celular y vuelve a las noticias.

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