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MÚSICA ESPAÑA

Van Morrison le regala los oídos a Madrid

Javier Herrero.

Madrid, 10 nov (EFE).- Tal como llegó, se fue; ni un "hola" ni un "adiós". En la hora y media larga de concierto que Van Morrison ofreció hoy en Madrid, su voz no se ha dejado escuchar más que para cantar, pero qué voz la del norirlandés a sus 70 años, certera y cálida, un regalo para los oídos que el público aplaudió en pie.

Hacía ocho años, desde el concierto que ofreció en 2007 en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid, que esta leyenda viva de la música no se pasaba por la ciudad, de nuevo en un horario irregular para un concierto, las 20 horas, lo que a más de uno le pilló desubicado y fuera de su asiento.

El Teatro Circo Price, exquisito recinto, siempre amable y justo en su respuesta acústica, fue el espacio escogido para este largamente esperado retorno a la capital española, con casi todas las butacas ocupadas, una hazaña meritoria teniendo en cuenta el precio de las mismas (de 80 a 200 euros).

Su visita se produce tras el lanzamiento de un álbum, "Duets: Re-working the catalogue", publicado en marzo, en el que grandes figuras de la música como Bobby Womack, Mavis Staples o Steve Winwood le ayudan a reinterpretar parte de su catálogo musical, no necesariamente el más conocido.

Nada de eso se filtra a su actual gira, ni por invitados ni por repertorio. A cambio, el de Belfast ofreció un repaso a 50 años de historia musical que se dejó fuera éxitos como "Gloria" o "Here comes the night", de sus inicios como miembro de la banda Them, pero que sí ha incluido "Brown Eyed Girl", de su debut en solitario, "Blowin' your mind!" (1967).

Tampoco faltaron otras joyas, como "Moondance", "Baby, please don't go", "Whenever God shines his light" o "Days like this", además de una colección de versiones que incluyeron el "That's life" popularizado por Frank Sinatra.

Tan loable como la de Morrison ha sido la actuación de su joven corista y la de los cuatro instrumentistas que lo acompañan hasta en edad, excelentes compañeros de viaje que, tras el órgano, la batería, la guitarra y el contrabajo, se compenetran con el saxofón de su capitán para hilar un show de altura, amable, pero sin sobresaltos.

Con ellos y con el pasaje instrumental de "Celtic swing" dio comienzo el concierto, antes de que el parco Morrison, vestido en tonos oscuros, con gafas negras y un sombrero fedora, estrenara su garganta con "Close enough for the jazz".

Enseguida, y para júbilo del público, soltó "Brown Eyed Girl" y "Days like this", pasado y relativo presente de su historia, con lo que ya dejó más que satisfechas las posibles ansias de clásicos.

Tras la viveza swing de "Precious time" perpetró un auténtico viaje en el tiempo, hasta los campos de esclavos, con "Baby, please don't go", el blues original de Joe Williams, que, gracias a un efecto sonoro en el micrófono, rebosó pasado en esta versión de Morrison.

El "That's life" de Sinatra que interpretó dentro de su "How long has this been going on" (1995) le llevó a un bloque de sones sosegados y bucólicos en el que acometió "I believe to my soul" de Ray Charles, "Moondance", "Enlightenment" y "Magic time", de 2005, la composición más reciente de cuantas tocó esta noche.

Entonces recuperó "Sometimes I feel like a motherless child", otro clásico ajeno pero habitual en su repertorio (original de Paul Roberson), y el reconfortante góspel "Whenever God shines his light on me", grabado junto a Cliff Richard en 1989.

Cumplida la hora y 40 minutos de concierto, Van Morrison acometió a paso lento y entonando las últimas notas de su guión una despedida a la francesa, sin propina, ni un "adiós" ni un "gracias", lo que no impidió que su público, puesto en pie, sí le agradeciera este espectáculo que mañana recalará en Bilbao en su segunda y última incursión por España en este año.

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