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Telescopio Global

Cielos Congestionados

Cazas de varias fuerzas aéreas sobrevuelan los cielos de Siria en búsqueda de su presa.

Mientras mares y montañas de Europa se congestionan con refugiados que huyen de la guerra en Siria que completa ya 4 años y medio, los cielos de ese país se saturan de cazas de varias fuerzas aéreas en ávida búsqueda de su presa. Los Sukhoi rusos en su gesta por salvar a Bashar Al-Assad bombardean posiciones rebeldes en las provincias aledañas a Latakia, el bastión de la secta alauita a la que pertenece el presidente. Los americanos han llevado a cabo miles de ataques aéreos contra posiciones del Estado Islámico que controla el nororiente del país, un territorio que constituye un continuo con sus posesiones en Irak, eliminando de tajo la frontera internacional entre ambos Estados, creada artificialmente hace un siglo por geómetras franceses e ingleses.

Israel por su lado está al acecho y en por lo menos una docena de ocasiones su fuerza aérea ha bombardeado bodegas, convoyes y armamento pesado de Hezbollah, la milicia shiita libanesa testaferro de Irán, involucrada desde hace años en la guerra en defensa de Assad. Los turcos por su parte lanzan sus cazas a atacar posiciones de los kurdos tanto en Irak como en Siria, frontera que ya no existe. Los aviones rusos que aún posee el régimen de Al Assad atacan indiscriminadamente civiles en tierras bajo control de grupos rebeldes, cualquiera que estos sean, a la vez que los cazas de una docena de países miembros de la babosa “coalición” contra el Estado Islámico: Francia, Inglaterra, Canadá, Australia, Arabia Saudita, Jordania y otros ejecutan su periplo, desde los cielos de Siria.

Miles de soldados iraníes al servicio de Al Assad completan este cuadro dantesco que se escenifica en la República Árabe de Siria, Estado fenecido, cuna hace un siglo del nacionalismo árabe, otrora crisol de culturas y religiones, hoy en ruinas, tumba de la Responsabilidad para Proteger y demostración fehaciente de las falencias de las instituciones de la comunidad internacional.

Según cifras del observatorio sirio de derechos humanos basado en Londres, la guerra que comenzó en Marzo de 2011 ha dejado un saldo de 250 mil muertos de los cuales unos 80 mil son civiles, 12 mil de ellos niños. Desde que Rusia comenzó su campaña aérea hace apenas un mes se ha incrementado el número de víctimas civiles diarias por cuenta de los bombardeos. Putin hace uso de la estrategia de “tierra arrasada” que utilizó en Chechenia hace un par de décadas para acabar con los focos separatistas en esa región del Cáucaso.

Pero como toda guerra tiene su circo, en Viena se reunieron hace pocos días diplomáticos de varios países entre otros, Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea, Irán, Turquía y Arabia Saudita a buscar una salida a una guerra que no tiene ninguna y en la que los señores sentados alrededor de la mesa en la capital austriaca representan países que no han hecho sino pescar en el rio revuelto para ver con qué botín geopolítico o territorial se quedan.

Y junto al circo como una llaga abierta que arde cada vez más se desarrolla la verdadera tragedia sufrida por los sirios; aquellos que levantan su vista al cielo a ver si la bomba les va a caer encima, aquellos que se apretujan en precarias embarcaciones para llegar a una Europa que poco a poco cierra sus puertas, aquellos que deambulan por desolados parajes en los Balcanes buscando cómo acceder a una Alemania que ya muestra signos de “fatiga de refugiados”, los millones hacinados en los campos de refugiados en Jordania , Líbano y Turquía, aquellos que la suerte los encontró en el Califato de ISIS y los miles que han muerto en mares y montañas huyendo de esta hecatombe cuya génesis está en las ansias de poder y brutalidad del dictador sirio Bashar Al Assad.

Ni la imaginación más vívida hubiera podido pronosticar el apocalipsis sirio lo que comprueba que la realidad supera la fantasía especialmente cuando se trata de la capacidad depredadora del ser humano. Y lo cielos, tan alabados en las sagradas escrituras, se convierten en protagonista central de esta barbarie sin fin.

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