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TOROS ESPAÑA

Los veteranos exhiben una gran forma en un gran festival en La Puebla del Río

El tono triunfal del festival celebrado esta tarde en la localidad sevillana de La Puebla del Río ha sido fiel reflejo de las actuaciones de Ruiz Miguel, Ortega Cano y El Soro, convocados por Morante de la Puebla para sufragar las obras de Cáritas Parroquial.

La Puebla del Río (Sevilla), 24 oct. (EFE).- El tono triunfal del festival celebrado esta tarde en la localidad sevillana de La Puebla del Río ha sido fiel reflejo de las actuaciones de Ruiz Miguel, Ortega Cano y El Soro, convocados por Morante de la Puebla para sufragar las obras de Cáritas Parroquial.

Se lidió un ejemplar del Capea para rejones y seis de Zalduendo, manejables en conjunto.

Francisco Ruiz Miguel, dos orejas

José Ortega Cano, dos orejas y rabo

Vicente Ruiz "El Soro", dos orejas y dos orejas en el sobrero de regalo.

Morante de la Puebla, dos orejas y rabo.

El novillero Daniel de la Fuente "Liqui", dos orejas y rabo.

El rejoneador Diego Ventura, dos orejas y rabo

La plaza portátil rozó el lleno en tarde fresca y nublada.

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ORTEGA Y SORO DIERON LA SORPRESA

El momento más intenso de la tarde llegó en un sobrero que quería compensar al Soro después de haber cortado por lo sano en el que lidió en primer lugar, un serio ejemplar castaño al que había puesto dos pares con tantos clamores como dificultades antes de irse por la espada sin mayores probaturas.

Pero después de que Morante lidiara su novillo, El Soro volvió a asomarse a la tronera para recibir al reserva. La cosa fue animándose y el propio diestro valenciano se sintió dueño de la escena después de un quite en el que trufó una navarra, un farol y una media verónica.

Pero lo mejor estaba por llegar. El Soro pidió dos pares de banderillas y una farpa que entregó a Ventura y Morante.

El rejoneador salió a caballo y cuarteó magistralmente al animal antes de que Morante, sin solución de continuidad, prendiera un par en todo lo alto. Fue el turno de Ventura, que clavó un palo mientras Morante cogía el capote y lidiaba al novillo para ponérselo en suerte al Soro, que había tomado una silla del callejón desde la que citó, flamenco y torero, antes de quebrar un excelente par al violín.

La cosa no había acabado ahí. Picado, Ortega Cano pidió banderillas y citó al animal desde el estribo antes de poner otro par con suavidad y precisión. El espectáculo se había lanzado y El Soro cuajó una faena personal, templada y con dimensión de artista en la que se sobrepuso a sus limitaciones físicas.

El diestro de Foios estuvo francamente bien con ese noble ejemplar que le permitió torear a placer.

Pero esta revancha de veteranos ya se había abierto con la actuación entregada y juvenil de Ruiz Miguel, que había venido a La Puebla a sustituir al diestro mexicano El Pana, que no pudo comparecer por algunas cuestiones burocráticas.

Ruiz Miguel se inspiró con el capote y cuajó una faena que brilló especialmente en los remates aunque tuvo que luchar con la condición rajada de un enemigo que acabó dándole un susto.

Llegaba el turno de Ortega Cano, que acaparó la mayor atención mediática de la tarde. El diestro de Cartagena había hecho el paseíllo llevando de la mano a su hijo pequeño, ataviado con un traje corto idéntico al de su padre, que sacó lo mejor de sí mismo para cuajar de cabo a rabo a su enemigo manejando el capote con inusual desmayo.

La cosa no iba a quedar ahí. Ortega brindó a su mujer, Ana María Aldón, y a su hijo, una faena de excelentes registros artísticos en la que hubo cadencia, temple y buen gusto. El mejor momento de su labor llegó cuando pasó al torete con la muleta en la mano izquierda, de frente y a pies juntos.

Aún hubo unos ayudados por alto plenos de sabor antes de agarrar una estocada que puso en sus manos los máximos trofeos.

El anfitrión no se podía quedar atrás. Morante, que se mostró atento a cualquier detalle, estuvo sembrado a la verónica intercalando chicuelinas etéreas que cerró con una grandiosa media. Pero el diestro de La Puebla volvió a gustar y gustarse en un quite por delantales antes de arrebatar los palos a su gente para prender un gran par.

El toro, noble, estaba muy tocado de motor pero esa condición no impidió que Morante se empleara en una faena de puro mimo y excelentes fases de toreo natural que llegó a su máxima expresión cuando se echó la muleta a la mano derecha en una serie final. La estocada no fue suficiente y el torero tomó la puntilla para despenarlo y cortar un rabo.

Gustó mucho a sus paisanos el novillero Daniel de la Fuente, que suma valor, personalidad diferenciada y excelente corte de torero pero el festejo aún guardaba la traca final en la espectacular y magistral actuación del rejoneador Diego Ventura.

El jinete cigarrero probó nuevos caballos, estuvo preciso y brillante y formó un auténtico alboroto que puso la firma a una tarde feliz.

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