Lugares sagrados como foco de conflicto

Las religiones en general no se han caracterizado por su tolerancia a pesar que la predican a diestra y siniestra.

A lo largo de la historia lugares sagrados de las religiones han sido escenario de conflictos, ataques, vandalismo y destrucción y no lo es menos en pleno siglo XXI, especialmente en el Medio Oriente, cuna de las tres religiones monoteístas occidentales: judaísmo, cristianismo e islam, no conocidas precisamente por su armoniosa convivencia.

Al momento de escribir estas líneas arde en la ciudad palestina de Naplusa la tumba de Jose – Yosef- sagrada para el judaísmo, incendiada por una turba de jóvenes palestinos en medio de los enfrentamientos que se están dando en Israel y Palestina a raíz de la ola de ataques con cuchillo por parte de palestinos a civiles israelíes y las medidas que ha tomado el Estado judío.

Racha de violencia que comenzó precisamente por rumores, confirmados como falsos, que Israel pretendía modificar el status quo de la explanada de las mezquitas –Haram Hasharif en árabe-, sitios sagrado del Islam. La explanada, uno de los lugares más emblemático de Jerusalem, incluye la mezquita de Al Aqsa y el domo de la Roca con su majestuosa cúpula dorada, al interior del cual como su nombre lo indica, hay una roca que de acuerdo con la tradición judía fue allí donde Abraham fue a sacrificar a su hijo Isaac y de acuerdo con la tradición musulmana, desde esa misma roca el profeta Mahoma subió al cielo en su caballo blanco. La tradición judía identifica la explanada -Monte del templo en la terminología judía- como aquel donde quedaba la parte más sagrada del antiguo Templo de Jerusalem destruido por los romanos. Radicales religiosos judíos que abogan por la construcción del tercer templo donde quedaban los anteriores dos, para hacerlo tendrían que destruir primero el domo de la roca y la mezquita de Al Aqsa.

El muro de los lamentos, el lugar más sagrado de la religión judía, único vestigio en pie del antiguo templo, está ubicado en la parte inferior colindando con la explanada desde la cual en numerosas ocasiones palestinos lanzan piedras a los feligreses judíos que oran frente el muro. El status quo actual en efecto desde 1967 cuando Israel ocupó y reunifico la ciudad de Jerusalem, prohíbe a los judíos, para evitar enfrentamientos, orar en la explanada cuya administración está en manos del gobierno de Jordania. En momentos que el conflicto palestino-israelí adquiere cada vez más connotaciones religiosas, agregadas al tema territorial, este lugar es un polvorín que puede incendiar la región toda. Se recuerda que la tumba del patriarca Abraham venerado por judíos y musulmanes en la ciudad de Hebrón fue en 1984 escenario de una brutal masacre de 29 feligreses musulmanes por parte de un radical judío, Baruch Goldstein, en la misma ciudad que en 1929, un centenar de judíos ortodoxos fueron asesinados por árabes.

Irak, tras el estallido de la guerra fratricida entre sunitas y shiitas consecuencia de la invasión americana, ha visto la destrucción de decenas de lugares sagrados de ambas vertientes del Islam, especialmente mezquitas shiitas a manos de radicales sunitas afiliados con Al Qaeda o con el Estado Islámico.

En Afganistán, los Talibán estando en el poder destruyeron los Budas gigantes de Bamiyan. En Malí durante el periplo de Al Qaeda por la mítica ciudad de Timbuktu, militantes destruyeron centenares de mausoleos de santos musulmanes herejes para las creencias radicales de esta organización, a la vez que el Estado Islámico en Irak y Siria destruye templos, ciudadelas y monumentos de religiones que hace siglos no existen. En Nigeria la organización terrorista Boko Haram ha incendiado centenares de iglesias cristianas a la vez que en Myanmar hordas de monjes budistas han destruido casi todas las mezquitas en la región noroccidental habitada por la minoría musulmana Rohingya. Yemen, Siria, Irak y Libia, asolados por guerras civiles desde el comienzo de la primavera árabe han sufrido la destrucción con motivación religiosa de gran cantidad de lugares sagrados de diversos cultos.

Uno de los episodios más cruentos de guerra religiosa ocurrió en la India en 1992 cuando unos ciento cincuenta mil hindúes simpatizantes de organizaciones radicales hinduistas destruyeron a martillo la imponente mezquita de Babri en la ciudad de Ayodhya, alegando que esta mezquita, construida en el siglo XVI, había sido erigida sobre las ruinas del templo del Dios Rama una de las deidades del hinduismo. Como consecuencia estallaron enfrentamientos en toda la India entre la minoría musulmana e hinduistas. Al día de hoy el lugar permanece tal cual mientras la Corte Suprema de Justicia de la India evita tomar decisión alguna sobre el futuro de ese explosivo lugar sagrado para ambas religiones.

La destrucción de símbolos, monumentos y lugares de culto ha sido tradicional en las guerras desde hace siglos y no lo es menos en pleno siglo XXI en el que la religión es protagonista de gran cantidad de los conflictos que azotan el planeta. El cristianismo y el Islam en sus gestas proselitistas a lo largo y ancho del planeta acabaron con símbolos religiosos como uno de los componentes básicos en su estrategia de desculturación. Las religiones en general no se han caracterizado por su tolerancia a pesar que la predican a diestra y siniestra.

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