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Telescopio Global
Frente a la crisis con Venezuela

Las Cartas de Colombia

Al gobierno le toca manejar solo el problema de la frontera con Venezuela.

Sin duda lo de ayer en la OEA constituye una amarga derrota diplomática para Colombia, pero de haberse conseguido los 18 votos, la subsiguiente cumbre de cancilleres de la organización no habría servido sino para el show de los discursos, especialmente del embajador Chaderton, mientras que de manera alguna se habría ayudado a los colombianos víctimas de los atropellos y las arbitrariedades al otro lado de la frontera. En la OEA además se subestimó la capacidad de los Estados en la caótica diplomacia del siglo XXI de venderse por un plato de lentejas.

Viene ahora, si es que se hace, la cumbre de cancilleres de Unasur de la cual Colombia no puede esperar absolutamente nada, pero si nuestro país decide atender, debería aprovechar la presencia de los medios, atraídos por el morbo del enfrentamiento colombo-venezolano, para denunciar de manera vehemente, alejado del lenguaje diplomático soso, la situación en la frontera, los atropellos a los derechos humanos, las humillaciones y la violaciones de todo lo que implica las relaciones de vecindad entre dos países hermanos. La cumbre debe ser usada como caja de resonancia para las reivindicaciones colombianas. No se debe olvidar que ya Maduro le hizo conejo a la organización cuando prometió reconteo de votos, que nunca hizo, tras la cumbre extraordinaria de presidentes en Lima en 2013. Un gesto dramático, no usual en nuestra cancillería podría ser advertirle a Venezuela en plena cumbre que su permanencia como garante del proceso de paz podría estar en juego si continúan las acciones contra los compatriotas colombianos.

Es de esperar que nuestra cancillería no tome en serio la propuesta de Panamá de servir de mediador después de esa dolorosa puñalada por la espalda. La ONU por otro lado poco se ocupa de asuntos relacionados con América Latina y en el Consejo de Seguridad, paralizado con la catástrofe siria y otras en los confines del globo, no hay consenso, ni apetito para meterse en un “problema menor” de unos “cuantos colombianos” expulsados arbitrariamente, teniendo en el panorama a decenas de miles de refugiados muriendo en las aguas del Mediterráneo o en camiones en carreteras europeas o a ISIS demoliendo la herencia histórica y decapitando a diestra y siniestra.

Queda la jartísima carta de sentarse con Maduro a negociar una política de fronteras lo cual en este momento es tragarse un sapo muy grande, máxime cuando el mandatario patriota saldrá a los medios a proclamar a los cuatro vientos que tenía razón. Diplomacia secreta y silenciosa con Caracas podría dar resultado aunque es poco probable tras el fiasco de Washington.

Por lo tanto a menos que aparezca un mediador mutuamente aceptado el cual habría que buscarlo a lo largo y ancho de la geografía del planeta y quién sabe si lo hay, o que se logre una distención en conversaciones bilaterales, a Colombia le toca manejar sola el problema de la frontera con Venezuela, en un escenario en el que es necesario asumir que este lio será de largo vuelo. Otorgar toda la ayuda necesaria a los repatriados, fortalecer la seguridad fronteriza, crear una economía que no requiera del otro lado, hacer presencia del Estado en esa y otras fronteras tradicionalmente abandonadas por el Centro, determinar cuál es la manera más adecuada de enfrentar el paso no formal por el rio y por veredas que servirán para reemplazar al puente y los cruces oficiales para todas las afecciones de la frontera y prácticamente hacer de cuenta que un gran muro ha sido erigido por Caracas para separar a los dos países, por lo menos hasta las elecciones a la Asamblea Nacional y dependiendo de los resultados, hasta después también.

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