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ALEMANIA BAYREUTH

Abucheos aislados "saludan" en Bayreuth el controvertido "Anillo" de Castorf

El "Oro del Rin", la primera pieza del "Anillo del Nibelungo" de Frank Castorf, abrió hoy la ronda de los abucheos, aunque aislados, en el Festival Richard Wagner de Bayreuth, y rompió así lo que hasta ahora había sido un panorama de armonía en el templo wagneriano.

Bayreuth (Alemamia), 27 jul (EFE).- El "Oro del Rin", la primera pieza del "Anillo del Nibelungo" de Frank Castorf, abrió hoy la ronda de los abucheos, aunque aislados, en el Festival Richard Wagner de Bayreuth, y rompió así lo que hasta ahora había sido un panorama de armonía en el templo wagneriano.

A los aplausos recibidos el sábado, en la apertura de la temporada, por el "Tristán e Isolda" de Katharina Wagner y el frenético entusiasmo con que se recibió ayer al "Lohengrin" de Hans Neuenfels siguió un lunes adusto para la controvertida producción de Castorf, con Kirill Petrenko a la batuta.

La gasolinera-motel en que Castorf coloca el "Oro", entre matones y chicas de alterne, sigue sin agradar al estricto público de Bayreuth, que de nuevo aplaudió a las voces -especialmente a Wolfgang Jung, como Wotan- y al maestro, pero dejó claro que sigue sin dejarse convencer por el dramaturgo berlinés.

No se llegó, sin embargo, a las atronadoras tempestades de silbidos y protestas que han acompañado a este "Anillo" desde su estreno, en 2013, tal vez porque la presente edición 104 del festival había abierto con buen pie.

Katharina Wagner, biznieta del compositor, superó con un "Tristán" entre tinieblas la que el diario muniqués "Süddeutsche Zeitung" denominó hoy su "prueba de madurez" en la dirección escénica y, por extensión, de la empresa familiar.

La heredera de los Wagner asume en solitario esta temporada las riendas del festival, tras años de dirección colegiada con su hermana Eva Wagner-Pasquier, como quedó establecido en la casa tras la retirada del patriarca, Wolfgang Wagner, fallecido en 2010.

Katharina, de 37 años y por fin "liberada" de una codirección impuesta, optó por una escenografía sombría y visualmente poco imaginativa, que deja el protagonismo a las voces -de Stephen Gould y Evelyn Herlitzius- y la batuta de Christian Thielemann.

Fue un estreno sólido, al que siguió el poético e imaginativo "Lohengrin" de Neuenfelds, una reposición que en esta temporada se despedirá de Bayreuth y que el domingo se llevó exaltadas ovaciones, con el público casi al unísono puesto en pie.

No lo ha tenido fácil Neuenfels, a quien el mundo wagneriano vapuleó en su estreno, cinco años atrás, por la osadía de transmutar el coro operístico en una colorida legión de ratas de laboratorio y convertir el fruto del amor indebido en un engendro sanguinolento.

En los años sucesivos, Bayreuth y Neuenfels se han acomodado y dulcificado mutuamente y el domingo el festival se volcó en su producción y sus solistas, especialmente el tenor local Klaus Fabian Vogt, en el papel de Lohengrin.

Los titulares de los medios, del tipo "las ratas dejan Bayreuth", adoptaron perfiles de despedida nostálgica, en parte porque este "Lohengrin" es más que un desfile de entrañables ratoncitos y da la vuelta al mito del hombre que busca en Elsa del amor incondicional.

Los furibundos abucheos iniciales parecen haber amainado también para Castorf, aunque a su producción se le sigue reprochando falta de concepto y mero afán provocador en la búsqueda de una versión grotesca de la tetralogía.

Al "Oro del Rin", la pieza más liviana del "Anillo", seguirán en los próximos días "La Valkiria", "Sigfrido" y el "Ocaso de los Dioses", las tres siguientes piezas donde Castorf insistía en la provocación más bien hueca ante el tradicionalista Bayreuth.

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