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Washington se rinde a la cultura ibérica

El público estadounidense se rindió hoy a la cultura ibérica en la sesión de apertura de un festival hispano-luso en Washington, donde los hermanos Ángel y Carmen Corella hicieron retumbar el escenario con un ballet flamenco de pasión y equilibrio.

Beatriz Pascual Macías

Washington, 3 mar (EFE).- El público estadounidense se rindió hoy a la cultura ibérica en la sesión de apertura de un festival hispano-luso en Washington, donde los hermanos Ángel y Carmen Corella hicieron retumbar el escenario con un ballet flamenco de pasión y equilibrio.

En el palco superior, frente al escenario, se encontraba el rey Juan Carlos de España, encargado de presidir la inauguración de este festival cultural, bautizado como "Iberian Suite: Global Arts Remix" por mezclar los estilos de 600 artistas de 23 países.

El encargado de subir el telón fue el aclamado pianista español Javier Perianes, que interpretó la pieza "El Puerto" de la suite para piano "Iberia", escrita por el célebre compositor y pianista español Isaac Albéniz y considerada una de las más importantes obras de la cultura pianística española.

Como apuntó el presentador de la gala, Carlos Gutiérrez, los dedos del interprete consiguieron retratar "la textura, el color y el espíritu" de la cultura española y portuguesa, así como el arte de los países de África, Asia, América y Oriente Medio que también participan en el festival por sus vínculos ibéricos.

Al piano de Perianes, le siguió la icónica cantante mexicana Eugenia León, apodada "la voz de México", que interpretó "Los pájaros perdidos" mientras su mano subía, bajaba y alzaba el vuelo al ritmo de su voz, que contuvo la respiración del público.

Vestida con una toga negra hasta los pies, la sombra de León se reflejaba en un piano, que acompañó a la solista con la orquesta experimental PostClassical, de la que solo asomaban la batuta y las manos de su director, el español Ángel Gil-Ordóñez.

Los hermanos Ángel y Carmen Corella protagonizaron uno de los momentos más emocionantes de la noche, se hicieron con el escenario y encantaron al público, que aplaudió a rabiar avivando la magia sobre el escenario.

La actuación comenzó con los hermanos sentados frente a un fondo oscuro e iluminados con una luz blanca, que se dividió, juntó y finalmente inundó todo el escenario.

De negro, Ángel finalizó en varias ocasiones sus movimientos con un "¡olé!", que abría el paso a Carmen, de blanco, etérea, volátil y que, además de bailar, interpretaba con cada balanceo las notas de la música.

Como un alma desdoblada, los dos hermanos se movieron por el escenario de forma simétrica y conquistaron al público en la que es su única actuación en el festival, tras la retirada de los escenarios de Ángel el pasado mes de enero.

Carminho, con un mono negro y una camisa blanca, subió a la tarima con su nuevo fado, un trío de cuerda de fondo y su voz limpia y potente que hacía temblar la luz azul celeste del escenario.

El senador por el estado de Virginia, Tim Kaine, tuvo unas palabras durante el acto para recordar que la herencia ibérica de Estados Unidos es anterior, incluso, a la inglesa, pues precisamente este año se cumplen 450 de la llegada de los primeros exploradores españoles a las costas de Florida.

La noche se erigió como un aperitivo de las tres semanas del festival, que empiezan hoy y llenarán el Kennedy Center de conciertos, exhibiciones y actuaciones teatrales. EFE

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