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Hernán Peláez, el pulso de la realidad en Colombia

Después de 21 años deja La Luciérnaga y seguirá haciendo El pulso del fútbol, un programa que concentra su pasión.

El reloj marcaba las dos de la tarde cuando dejó sentir su voz al otro extremo del pasillo, por donde caminaba siempre que hacía La Luciérnaga en la cabina de Caracol.  Es el dueño de un caminar pausado, producto de la operación de meniscos que se destrozó jugando como volante del equipo de la Acord, que contaba con una nómina de estrellas de la radio y la televisión como David Cañón, Julio Sánchez Vanegas, Alfonso Lizarazo, Alberto Piedrahita (Q.E.P.D.), Juan Harvey Caicedo (Q.E.P.D.), Armando “el chupo” Plata y Otto Greiffenstein, entre otros

Peláez lleva la prisa en su cabeza, guardiana de sus secretos, de sus sueños, locuras y recuerdos. Tiene la capacidad de contar historias vestidas de detalles de hechos del pasado que parecen del presente

Él recuerda a qué olía el ambiente, la música de fondo, la ropa que llevaba puesta, el lugar que ocupó en la mesa, el día del calendario y por supuesto todo lo que le dijo y lo que se guardó su interlocutor

Esa tal vez ha sido la fórmula del éxito de su programa El pulso del fútbol, el espacio deportivo con mayor audiencia en la radio de Colombia, donde comparte escenario con su  álter ego, Iván Mejía

La radio es para “el doctor” Peláez, ingeniero químico de profesión, lo que el mar a un barco. Por su torrente sanguíneo corren ondas sonoras, las mismas que se llevó a su luna de miel, cuando sorprendió a su joven esposa Beatriz, con un radio pegado a la oreja para escuchar La cabalgata deportiva Gillette

“Estábamos en Aruba y a él no le daba pena que lo vieran con ese ladrillo pegado a la oreja, era del tamaño de una panela”, recuerda entre risas la mamá de  Jorge Hernán, María Beatriz y José Manuel, con quien se casó en 1971 después de un noviazgo muy corto

Para esa época Peláez llevaba algún tiempo visitando la casa de los Andrade, para cortejar a las niñas mayores, pero un día cuando la familia había salido la pequeña de la casa atendió la visita “y ese día él se dio cuenta de que yo existía. Duramos poco tiempo de novios”

El primer mundial al que asistió Peláez fue el de Alemania 1974 y desde ese año hasta hoy solo ha incumplido la cita dos veces. En Corea 2002 y en Sudáfrica 2010, cuando simplemente dijo “yo por allá no voy”

En su casa hay un televisor del que es amo y señor. Allí ve sus partidos de fútbol, sin importar la liga, el continente y el horario. El volumen siempre está en cero, no sólo para no molestar a su esposa sino para que la opinión de terceros no lo pueda contagiar

Casi nadie sabe cuál es su horario de trabajo. En algún momento su esposa llegó a sospechar que no dormía y por poco llegó a ser cierto. Se acostaba con un radio pegado a la oreja para estar pendiente de que no hubiera errores y cuando eso ocurría no dudada en llamar a los locutores de la madrugada para corregir el nombre de la canción que estaba al aire o para preguntar al operador por qué un tema había sonado dos veces

Dicen que no hay cuña que más apriete que la del mismo palo y eso le pasó a Hernán Peláez, quien nunca ha dudado en ocultar la incomodidad con vientos de urticaria que le producen los políticos, a quienes no les pasa al teléfono, no les acepta una cita y aplica el mandato de “piensa mal y acertarás”

Un hombre cercano a la política, asesor de presidentes conquistó el corazón de su única hija, María Beatriz y lo hizo abuelo de José María, Alejandro y Sebastián. Junto a ellos y a los mellizos de su hijo Jorge Hernán, Alejandro y Sofía Peláez, aprendió a ser papá y abuelo alcahueta. “Todo lo que la mamá les prohíba, él se los permite”, confiesan en su casa

No es extraño que a las seis de la mañana Hernán ya este bañado, vestido con saco y corbata  y hablando por teléfono con Gustavo Álvarez Gardeazábal sobre los temas de La Luciérnaga. La escena se repite una y otra vez para ir afinando el libreto que se pone al aire en Bogotá y Medellín

A Jairo Chaparro, uno de los 17 cerebros detrás de “La murciélaga”, como la bautizó el Charly García del programa, lo conoció en 1998. En la entrevista de trabajo le pidió que le hiciera dos libretos, uno sobre Ernesto Samper y el proceso 8.000 y el otro sobre Horacio Serpa. Apenas empezó la lectura le dijo baje a personal. Mientras el sociólogo preguntaba con quién debía hablar, el “doctor” ya había dado la orden para la firma del contrato

Hernán Peláez es un hombre con olfato para descubrir en una multitud gente diferente y auténtica. Con ellos mantiene una relación jefe – empleado en la que no hay espacio para el irrespeto, aunque otra es la suerte si descubre que le dicen mentiras

Por ese respeto que le merecen sus compañeros de trabajo, en 2001 estuvo un año apartado de la dirección de La Luciérnaga, en protesta por las presiones del Gobierno del entonces presidente Andrés Pastrana para que saliera del aire Edgar Artunduaga. El equipo fue contando uno a uno los días que hacían falta para el regreso del jefe, que coincidían con el fin del mandato

Siente aprecio especial por el personaje de Pedro González, “el pecoso” Castro, quien cada vez que interviene en el programa recuerda que su padre trabajó en los ferrocarriles, y por el del “cura” Hoyos, por lo que representa en la línea del programa contra los corruptos

Lleva dos horas en la emisora y la mayor parte del tiempo la ha dedicado a limpiar su escritorio y tomarse la última foto con quienes fueron sus compañeros por años, lo mismo que el año anterior hicieron fila en la puerta de la cabina para que les firmara el libro de La Luciérnaga

A las cuatro en punto llegó al master y mientras el boletín de noticias estuvo al aire aprovechó para verificar el libreto, confirmar que “Lulú” (Edgar Ramírez) tenía la música que él escogió y que los personajes estuvieran en línea

Durante las dos horas del programa se le vio hacer gambetas para no dejarse atrapar en la emboscada que le tenía preparada su equipo de trabajo, pero al final como los árboles que mueren de pie con voz entrecortada sentenció: “Todos los plazos se cumplen”

De la mano de su incondicional Beatriz emprendió su nuevo camino del que su familia sabe lo que Hernán ya contó: “yo veré”.