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La Luciérnaga

Gustavo Gómez


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Juez explica condena contra la Iglesia Católica por asesinato cometido por sacerdote

El Juzgado Unico Promiscuo de Belén de Umbría condenó a la Iglesia Católica al pago de 600 millones de pesos como indemnización a los familiares de las víctimas

El Juez Promiscuo de Belén de Umbria, Otto Garnert Galvis señaló que la condena de reparación que por 600 millones de pesos impuso a la Iglesia Católica en Colombia, se profirió al no existir mayor autoridad y vigilancia sobre los sacerdotes y por estar este estamento religioso sujeto a las leyes y al derecho colombiano

En un fallo de condena a 23 años de prisión al ex-sacerdote José Francey Díaz, quien asesino a una joven mujer y a su hija fruto de una relación sentimental, el juez de la causa consideró que la Iglesia Católica debe pagar por el daño moral y material a la familia de las dos víctimas; a sus progenitores y a 10 hermanos

El juez justificó su decisión de primera instancia al opinar que la Conferencia Epíscopal Colombiana, la parroquia de Belén de Umbria y el ex sacerdote quien esta recluído en una carcel de Pereira, deben cancelar proporcionalmente 100 millones de pesos a la madre de la mujer y abuela de la niña, y 500 millones al padre y a los 10 hermanos y tíos

La sentencia según el juez es la primera en Colombia y pretende sentar jurisprudencia sobre la responsabilidad penal y civil de los sacerdotes de la Iglesia Católica en el cometimiento de delitos más en asuntos de abuso sexual y hechos delictivos fruto de relaciones personales y sentimentales con feligreses u otros particulares

Según el Juez Garnert los jerarcas de esta congregación religiosa deben ser más severos en la disciplina interna así como le exigen a los feligreses buena conducta, y deben entender que esa es una entidad privada pero que se rige por el derecho público, no obstante la vigencia del Condordato con la Santa Sede

En la providencia el juez acogió el acuerdo al ex-sacerdote que pidió sentencia anticipiada por haber dado muerta a una joven mujer con quien convivió once años, y a su hija fruto de esa relación, y cuyos cadaveres escondio varios dias en la parte trasera de la casa cural de Belen de Umbría, municipio de Risaralda donde era párroco.