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Sobrevivientes de holocausto fueron torturados y sometidos a tratos inhumanos y degradantes

La Comisión de la Verdad trató el tema de las personas que salieron vivas del Palacio de Justicia en el holocausto, las cuales fueron sometidas a torturas y tratos degradantes.

La Comisión de la Verdad trató el tema de las personas que salieron vivas del Palacio de Justicia en el holocausto, las cuales fueron sometidas a torturas y tratos degradantes, al parecer, por miembros de la fuerza pública

En el informe se consigna que el tratamiento que recibieron diferentes personas que salieron con vida del Palacio, obedeció a que fueron consideradas miembros o colaboradoras del grupo guerrillero que realizó el asalto, bajo criterios “totalmente arbitrarios, superficiales y deleznables”. Los rehenes denominados “especiales” fueron privados de alimentos durante su estadía en el segundo piso de la Casa del Florero y en las instalaciones militares a las que fueron trasladados de forma irregular, y durante todo el tiempo recibieron un trato degradante que generó sentimientos de angustia y temor por sus vidas. Dice la Comisión de la Verdad que tuvo acceso a “desgarradores relatos que dan cuenta de las torturas y los tratos inhumanos y degradantes a que fueron sometidos varios de estos rehenes especiales”. La Comisión logró conocer el caso de dos estudiantes de derecho de la Universidad Externado, Yolanda Santodomingo y Eduardo Matson, visitantes ocasionales de la Corte, que el 6 de noviembre acudieron al Palacio de Justicia para la presentación de un examen y la realización de una investigación para una asignatura

Estos jóvenes, una vez evacuados del Palacio, fueron llevados al segundo piso de la Casa del Florero, donde fueron obligados a estar en cuclillas contra una pared, y fueron víctimas de abusos físicos y psicológicos

“Todos llegaban y se sentían con derecho a patearme. Me decían ‘perra hp, guerrillera’. Todas las botas negras pegaban durísimo y se ensañaron con mi riñón derecho. Me preguntaban que en dónde me cambié y aseguraban que yo había estado en la toma de la Embajada Dominicana, cuando en 1980 yo apenas hacía quinto de bachillerato con las monjas.”Luego fueron vendados, sometidos a intensos interrogatorios y llevados “a donde alguien para que las reconociera”. La pareja de estudiantes fue conducida luego a las instalaciones de la DIPEC (ahora DIJIN), lugar en el que les practicaron la prueba que demostraría que usaron armas. Esta salió negativa

Así mismo, los interrogaron por separando tratándolos de incriminar con el testimonio del otro, además en las declaraciones de estas personas se señala que en el lugar se oían gritos, respecto de los cuales les decían: "Lo que estás escuchando son personas que no han querido colaborar". Sólo tras confirmar que el estudiante era sobrino del entonces gobernador de Bolívar Arturo Matson, los uniformados “les pidieron excusas por todo lo acontecido y que comprendieran que eran cuestiones militares, que ellos no tenían nada que ver en la toma del Palacio de Justicia.” A la estudiante Santodomingo le expresaron: “Yolanda, no ha pasado nada. Recuerde que estaban retenidos, no detenidos. Mañana pase por sus documentos.”

Un testigo con identidad reservada dijo: “Me golpearon ‘lo normal’ como hacen en esos procedimientos. Para ellos las patadas son normales, me patearon en las espinillas. El lenguaje era de amenaza, sobre todo contra mi familia. Sentí temor, yo pensaba que iba a morir.”, y concluyó de forma ilustrativa: “sentí más temor allá que en el Palacio de Justicia”. Con posterioridad a tales hechos, el declarante instauró una demanda ante el contencioso administrativo, de la cual tuvo que desistir porque peligraba su seguridad. A su turno, el citador de la Sala Constitucional, luego de sufrir toda suerte de vicisitudes en el baño, fue separado del grupo de rehenes para ser sometido a tratos crueles y degradantes: “me maltrataron, me dieron patadas por pura sospecha. Mientras yo lloraba, ellos estaban emocionados. ’Me van a matar’, fue lo único que pensé.”Posteriormente le preguntaron “a Irma Franco, que estaba allí, si yo era compañero de ella. Yo sabía que era guerrillera porque ella había estado en el baño donde me habían tenido. Levantó la cabeza, me miró y dijo que no”. Este empleado de la Corte Suprema de Justicia fue liberado gracias a la intervención del jefe de escoltas del Magistrado Alfonso Patiño Roselli, quien al reconocerlo le preguntó por qué estaba ahí. “Le conté que estaba señalado de guerrillero, se fue y regresó con dos militares y les dijo: ‘Yo respondo por ese muchacho, él trabaja en la Corte y no lo conoce nadie porque hace poco empezó a trabajar’. Consideración especial merece la situación que vivió el entonces Magistrado Auxiliar de la Corte Suprema de Justicia, Nicolás Pájaro Peñaranda, quien luego de salir gravemente herido del baño en el trayecto hacia ese centro hospitalario estuvo acompañado de un soldado, y una vez ingresado a urgencias un uniformado le dijo “usted no puede hablar, silencio” a lo cual él le respondió que “no he dicho nada, solamente lo que estoy sintiendo”. Posteriormente, cuando le iban a tomar unas radiografías “llegaron tres tipos con ametralladora en mano vestidos de civil, me iban a llevar de la camilla, y los médicos dijeron qué pasó, y dijeron este es un guerrillero”. Sin embargo, gracias a la actuación del personal médico pudo ser intervenido oportunamente, y luego debió salir del país ya que siguió recibiendo amenazas encaminadas a que él no narrara todos los hechos que vivió en el interior del Palacio de Justicia.

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