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Darío Arizmendi

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La tortura psicológica daña tanto como la tortura física

La manipulación psicológica, la humillación, la privación sensorial y las posturas forzadas causan tanto daño, estrés y angustias como la tortura física, según un estudio que publicó hoy la revista "Archives of General Psychiatry".

La manipulación psicológica, la humillación, la privación sensorial y las posturas forzadas causan tanto daño, estrés y angustias como la tortura física, según un estudio que publicó hoy la revista "Archives of General Psychiatry".

La revista, que forma parte de las publicaciones de la Asociación Médica de Estados Unidos, indicó que el estudio lo condujo Metin Basoglu, del Kings' College en la Universidad de Londres.

Basoglu y sus colaboradores entrevistaron a 279 sobrevivientes de torturas procedentes de Sarajevo en Bosnia-Herzegovina, Banja Luka en la República Srpska, Rijeka en Croacia, y Belgrado entre 2000 y 2002.

Las definiciones de tortura aceptadas más comúnmente incluyen el sufrimiento físico y mental.

"Después que se publicaron informaciones de los abusos cometidos por los militares estadounidenses en Guantánamo, Irak y Afganistán, un grupo de trabajo del Departamento de Defensa y otro del Departamento de Justicia argumentaron en favor de una definición muy limitada de tortura", indica el artículo.

Según la definición estadounidense la tortura "excluye el dolor y sufrimiento mental causado por varios actos que no causan grave dolor físico".

Entre los métodos que las autoridades estadounidenses excluyeron de su definición de la tortura se encuentran el cubrir la cara con capuchas, la desnudez forzada, el aislamiento y las manipulaciones psicológicas.

Los entrevistados por Basoglu y su equipo, con una edad promedio de 44,4 años y el 86,4 por ciento de ellos hombres, contestaron preguntas acerca de 54 componentes de estrés relacionado con la guerra y 46 formas diferentes de tortura que habían experimentado.

Los participantes dieron cuenta de un promedio de 19 elementos estresantes y 19,3 tipos de tortura. Desde la última experiencia de tortura de los participantes había pasado un promedio de 96,3 meses.

Más del 75 por ciento de los sobrevivientes había sufrido en algún momento trastornos de estrés postraumático relacionados con la tortura; el 55,7 por ciento sufría esos trastornos a la fecha del estudio.

Para comparar con más facilidad diferentes formas de tortura los investigadores dividieron esos métodos en siete categorías amplias.

Son la tortura sexual; tortura física; manipulaciones psicológicas -como las amenazas de violación o ser testigo de la tortura de otros-; el trato humillante que incluyen las burlas y el abuso verbal; la exposición a posturas forzadas por períodos largos; la música fuerte; las duchas frías, y la privación de alimento, agua y otras necesidades básicas.

"Los simulacros de ejecuciones, el ser testigo de la tortura de personas queridas, las amenazas de violación, el manoseo de genitales y el aislamiento aparecieron vinculados con por lo menos tanta angustia como la causada por algunos métodos físicos", señalaron los autores.

Los autores concluyeron que las técnicas de "interrogatorio agresivo", o los procedimientos de detención que suponen la privación de necesidades básicas, la exposición a condiciones ambientales adversas y otras manipulaciones psicológicas no parecen diferir mucho de la tortura física en términos del sufrimiento que causan, o sus efectos a largo plazo.