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Diana Montoya


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El Plan Colombia fracasó, según una publicación oficial francesa

El Plan Colombia, basado en el combate de los grupos armados ilegales y el tráfico de drogas con apoyo de Estados Unidos, "fracasó" porque no logró acabar con la guerrilla ni eliminar los cultivos, según el informe "Drogas y Anti-drogas en Colombia", publicado por Cuadernos de la Seguridad, revista editada trimestralmente por el Instituto de Altos Estudios de Seguridad del gobierno de Francia (INHES) y que fue coordinada por la socióloga colombiana Olga L. González y el investigador francés Laurent Laniel

El Plan Colombia, basado en el combate de los grupos armados ilegales y el tráfico de drogas con apoyo de Estados Unidos, "fracasó" porque no logró acabar con la guerrilla ni eliminar los cultivos, según el informe "Drogas y Anti-drogas en Colombia", publicado por Cuadernos de la Seguridad, revista editada trimestralmente por el Instituto de Altos Estudios de Seguridad del gobierno de Francia (INHES) y que fue coordinada por la socióloga colombiana Olga L. González y el investigador francés Laurent Laniel.

La mayor evidencia del fracaso de esa política es que no atacó el problema de las redes de narcotráfico y permitió que se consolidaran las fuerzas paramilitares que operan en el país, destacó el informe. En algunos casos los paramilitares comenzaron a trabajar al servicio de los carteles. En algunas regiones anteriormente dominadas por la FARC, afirman, la siembra de coca la maneja actualmente un frente paramilitar al servicio de un cartel.

"En el plano de la lucha contra la guerrilla los resultados han sido relativos. Las FARC siguen controlando distintas regiones y conservan una fuerza de ataque. En cuanto a los paramilitares, cuyos lazos con el tráfico de droga son flagrantes, se han fortalecido considerablemente", añaden González y Laniel.

Varios expertos internacionales examinan "los lazos que unen el tráfico de drogas mundializado y los actores armados" del conflicto colombiano y el papel que juega Estados Unidos, que invirtió 4.000 millones de dólares en ese plan en los cinco primeros años del siglo XXI. Apoyada en cifras y datos oficiales, la revista destaca que "sus resultados son decepcionantes".

Esa evolución preocupa a Francia porque este país "es uno de los mercados de consumo hacia los cuales se exporta la producción de cocaína colombiana", explican Olga L. González, ex profesora de la Universidad Nacional de Bogotá, y Laniel, coautor de un informe sobre droga, mundialización y criminalidad elaborado para la UNESCO

Este documento examina en forma sistemática todos los aspectos de la "industria" de la producción de cocaína en Colombia. Entre otros artículos, la revista incluye una contribución del mayor de la policía colombiana Juan Carlos Buitrago Arias, ex oficial de enlace ante Europol, quien trata de contradecir, con las cifras del gobierno colombiano, a los otros expertos.

"Las fumigaciones aéreas de herbicidas han permitido la reducción de las superficies cultivadas en coca y en amapola, y programas de desarrollo alternativo han sido aplicados. No obstante, las instituciones colombianas se ven enfrentadas a varios desafíos, el primero de los cuales es neutralizar el lazo criminal entre las drogas y el terrorismo", asegura Buitrago Arias.

Para otros peritos, entre los que se encuentran el sociólogo colombiano Ricardo Vargas y el economista Francisco Thoumi, los progresos son coyunturales o inciertos. "Los éxitos de 2002 fueron posibles ya que las fumigaciones se focalizaron en la zona donde estaba concentrada en ese entonces la mayor parte de las plantaciones de coca en Colombia: el departamento de Putumayo, que representaba el 40% de la superficie nacional de la coca en 2000", año en que se lanzó el Plan Colombia, estima Vargas.

De su lado Thoumi considera que "la aplicación del Plan Colombia probablemente va a desplazar las plantaciones de coca hacia otras regiones dotadas de características institucionales y naturales necesarias a la producción".

El criminólogo holandés Damián Zaitch publica una investigación sobre los colombianos implicados en el tráfico de drogas en Holanda y especialmente en el puerto de Rotterdam.

El sueco Oscar Jansson, que califica a las FARC de "bandidos sociales", explica cómo los guerrilleros y los paramilitares regulan los precios de la pasta de coca en diferentes regiones del sur de Colombia, especialmente en las selvas del Putumayo.

Por último, Gustavo Duncan, investigador de la Universidad de los Andes de Bogotá, demuestra que hay una estrecha correlación entre la cada vez más fuerte presencia de las mafias en las ciudades con la actividad de los paramilitaress en el campo.