Rock al Parque 2017: algunas postales de cierre

Algunas notas acerca de Rock al Parque, ahora que ha cerrado su vigésima tercera edición, y nos queda un año más para volverlo a disfrutar.

Continuando con nuestra iniciativa de mostrarles lo mejor de Rock al Parque, traemos algunas postales más. Es decir, pequeños fragmentos de todo lo que hay en este gigantesco evento, que están escogidas especialmente para seguirle cogiendo cariño, y para entender mejor este festival que es de todos, incluso de los que no van.

1- Fusiones: Todo Rock al Parque es un gran laboratorio de mezclas, aunque muchos de sus asistentes no se den cuenta. Son tantas, que sería imposible contarlas todas; como el tercer día está diseñado para complacer los gustos de una audiencia más amplia, se puede encontrar una gama más completa de sabores. A ver qué les parecen estos ejemplos, extraídos de las bandas que se presentaron al cierre de Rock al Parque: Acid Yesit es una banda de Pasto que combina el rock, el metal y el jazz. Ismael Ayende es una banda bogotana que toca “psico-surf andino”. Panteón Rococó, de México, toca ska originalmente, pero a menudo le mezcla ritmos como cumbia colombiana, cumbia grupera mexicana, rock y algo de polka, que es el ritmo del que nacen todos los ritmos norteños. La Santa Cecilia, banda mexicano americana que cerró la tarima ECO, combina polkas, jazz manouche, bolero, ranchera y rock. Mon Laferte, por su parte, mete en la colada folklor de Chile y de México, canción pop, balada, rock, ska y un poco de jazz. No se trata de un fenómeno nuevo, y tiene que ver con el hecho de que, desde el comienzo, Rock al Parque ha traído bandas latinoamericanas, y no existe una sola banda de rock en América Latina que no haga música mestiza.

Panteón Rococó, de México. / Colprensa.

2- El pogo: Una de las imágenes que más a menudo rechazan quienes no han ido jamás a un concierto de rock es la del pogo. Este “baile”, en el que la gente se estrella y se pega, parece de lejos un ritual de agresión, cuando es todo lo contrario. La verdad es que se trata de un ritual de unión, pensado para interpretar la esencia del rock, el metal, el hard core o cualquier género con el cual se esté bailando. Hay reglas, como que no se deja a nadie en el suelo. Son pocas las ocasiones en que un pogo ha pasado por encima de un caído. El pogo es mixto desde hace un tiempo, porque antes se hacía uno para mujeres y uno para hombres. El que va a dar golpes, tiene que estar preparado para recibirlos. En el fondo es una demostración de alegría. Tan es así, que se formó uno en medio del concierto de Mon Laferte, una artista que, podemos asumir con tranquilidad, jamás había visto en uno de sus conciertos como solista a la gente pogueando (cuando cantaba en una banda de metal sí seguro).

Colprensa.

3- La asistencia: reuniendo algo de cifras oficiales, podemos concluir que más de doscientas mil personas fueron al parque en los tres días de festival. Al que le quede alguna duda de la importancia de Rock al Parque, al que crea que podría, por cualquier razón, hacerlo más pequeño, más pobre o simplemente acabarlo, recuerde la cantidad de gente a la que estaría decepcionando.

Caracol Radio.

4- Poder femenino: durante el tercer día, la tarima ECO (también conocida como “la tercera tarima”) estuvo poblada por propuestas lideradas por mujeres. Tras una buena tarde (esta tarima ha venido creciendo en tamaño, exigiendo cada vez más de los organizadores), el cierre estuvo a cargo de La Santa Cecilia. Pero no solamente esta tarima contó la presencia femenina, que pobló los tres días del festival: Las Póker, Sin Pudor, Valentain, Nervosa (de Brasil) y, por supuesto, nuestra muy mentada Mon Laferte, no solamente fueron cuotas femeninas, sino puntos altísimos del festival.

Mon Laferte. / Caracol Radio.

5- Las escuelas de formación y el componente académico: cuando le preguntamos a Juliana Restrepo, directora de Idartes, sobre su grupo favorito del festival, nos comentó sobre las muy buenas presentaciones de las bandas de las escuelas de formación del Distrito. No creemos que sean en realidad sus bandas favoritas, pero la verdad fueron muchos los que comentaron, en sala de prensa, sobre las buenas presentaciones de estas bandas, a las que les tocó foguearse en Rock al Parque, ni más ni menos. Felicitaciones a Idartes y al Distrito por seguir fomentando la formación rockera de muchos jóvenes, porque Bogotá necesita muchas voces. Por otro lado, Rock al Parque contó con un componente académico, en el que los asistentes podían aprender muchas cosas distintas. Por un lado, un taller de producción de sonido con Tweety González, productor de música argentino, de gran reconocimiento, llamado por muchos “el cuarto Soda”, por ser el responsable del sonido que hizo a Soda Stereo lo que es. Una charla con Billy Gould, bajista de Faith No More y director del sello Koolarrow (pronunciado “culero”) y un taller sobre configuración del propio proyecto musical con el argentino Nicolás Modbery. La única nota negativa es la poca difusión que tienen estos eventos, llamados a cumplir con el papel del festival como un laboratorio de formación para los jóvenes de Bogotá y que podrían ser mucho más reconocidos, con una pizca más de bombo. Claro, son mucho menos atractivas estas actividades que el festival en sí mismo, pero vale la pena mantenernos enterados.

6- ¿Qué pasa últimamente, que Rock al Parque tiene mejor imagen? Las razones por las cuales al festival le va mejor desde hace unos cuatro años, entre el público y la crítica, son tres, básicamente: la primera es que se trata de la única iniciativa distrital que no parece sujeta a los vaivenes de la ideología. Tan es así, que su curador, Chucky García, ha permanecido en su cargo a pesar de haber tenido lugar un cambio de gobierno en la ciudad (entre dos partidos distintos) y tres cambios en la dirección de Idartes. No sería raro en un país en el que se premiaran los méritos habitualmente, pero Colombia no suele ser así, lo que habla más aún del buen trabajo que ha realizado Chucky García en la dirección artística de Rock al Parque, y esa es la segunda razón. Una buena labor de curaduría consiste no solamente en tener buen criterio musical y saber lo que le gusta a la gente; también es necesario saber cómo organizar el cartel para que cada elección y cada apuesta resalten al máximo. Con Chucky García, un público descontento y que generaba descontento, como el metalero, pasó a ser protagonista una vez más y el festival, gracias al metal, ha tenido momentos memorables. La tercera razón es que, sea por el criterio curatorial, los afiches recientes, la voz institucional o el tipo de mensajes que se envían, el público siente que a alguien en el Distrito le importa Rock al Parque. Antes no era claro, aunque sí hubiera dolientes del festival en Idartes. A veces basta con eso para que la gente pueda apreciar mejor la labor de una institución o de un grupo de personas comprometidas con este festival que le pertenece a Bogotá y a todo el país.

Colprensa.

Esperamos que en un año ya estén ustedes listos para disfrutar de Rock al Parque y que estas postales de cierre sirvan para explicar mejor cuál es el encanto de tres días seguidos de rock, un festival que lleva 23 ediciones haciendo parte del espíritu y la memoria de Bogotá.