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Desórdenes alimentarios no respetan edad ni sexo

Si bien el mito según el cual estos desórdenes son exclusivos de las mujeres y se limitan a la estética, la verdad es que también afectan a los hombres y se pueden presentar desde la niñez, sin importar la condición social.

A la anterior creencia se suman otras alrededor de los trastornos de la conducta alimentaria, relacionadas con la frecuencia con la que aparecen, distribución de la población, edad, compromiso de la salud y las consecuencias que tienen.

Al respecto, Mariana Morettí, directora del Centro Especializado en Desórdenes Alimenticios (CEDA), de Argentina, explicó durante su conferencia en la Cátedra José Celestino Mutis de la Universidad Nacional de Colombia, que en la adolescencia, desórdenes como la anorexia, la bulimia y otros tienen una proporción de nueve mujeres por un hombre; mientras tanto, en menores de edad es de seis por uno.

En relación con las complicaciones, la experta afirmó que se puede descubrir que detrás de una enfermedad subyace un trastorno alimentario como causa del desequilibrio que motivó la consulta.

De otro lado, algunos mitos tienen que ver con la aparición de ciertos rangos sociales en los que se cree que la enfermedad se presenta con más frecuencia en personas con mayor poder adquisitivo y mejores niveles de vida. “Lo que podemos determinar es que a través de la occidentalización de las costumbres, estas patologías aparecen en los cinco continentes”, aseguró la médica argentina, quien además agregó que los desórdenes alimentarios van hasta donde llegan los medios de comunicación y las redes sociales.

Así mismo, entre otros mitos de estas enfermedades la experta mencionó aquel según el cual lo único que se necesita para curarse es comer, en el caso de la anorexia, y dejar de comer, cuando se trata de la bulimia.

También afirmó que a partir de los años 60 ha habido un despliegue de estas patologías desde Europa hacia América, Nueva Zelanda y Australia; después de la caída del muro de Berlín, pasó a Europa del Este y se extendió a China, Japón y Latinoamérica.

La mayor prevalencia de estas enfermedades ocurre en edades tempranas, entre los 12 y 20 años para anorexia, y la bulimia en grupos etarios más avanzados.

Lo que se sabe de estas patologías es que se dan por muchos factores, por ejemplo, si son genéticos, son poligénicos, es decir que no hay un solo gen.

También hay factores que conducen a la enfermedad relacionados con la regulación del hambre y la saciedad; se ha detectado que hay déficit de neurotransmisores como serotonina, noradrenalina y otros que son reguladores.

Lo que no se sabe es si esto motiva la enfermedad o es una consecuencia del ayuno o las dietas prolongadas, que permiten perpetuar el síntoma; además, existen unas zonas grises como la depresión y rasgos psicológicos que pueden predisponer el desarrollo de estas enfermedades.

En realidad, las complicaciones de los trastornos alimentarios tienen grandes consecuencias, pues son la segunda causa de muerte en los jóvenes, después de los accidentes.

Por tal razón, es necesario apuntar a la prevención y a la detección temprana: “como son enfermedades que pueden afectar todos los sistemas del organismo, desde la pediatría hasta el ámbito de cualquier especialista se debe estar atento a los primeros síntomas”, explicó la conferencista Morettí.

Twiggy, ícono de la delgadez

Por su parte, Olga Ricciardi, psicoanalista fundadora de CEDA, afirmó que a partir del ícono de la moda Twiggy, una modelo, actriz y cantante inglesa que se caracterizó por su extrema delgadez, se marcó la tendencia de cómo se presentaba una modelo en sociedad. “Esto ha tenido vigencia hasta la actualidad; la exagerada delgadez pasó a ser el ideal de gran parte de los adolescentes”, expresó, también agregó que en Occidente ninguna modelo piensa en alcanzar el éxito si no es de la mano de la delgadez.

Además, la experta destacó que hay una historia psíquica traumática de la persona que afronta estos conflictos. Por eso, lo que no se puede poner en palabras se pone en actos; los desórdenes de la conducta alimentaria son patologías del acto: “el acto de tragar para callar y el de cerrar la boca para no hablar o para no comer”, concluyó Ricciardi.

U.N. Salud

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