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Colombia consume hasta seis veces más flúor del recomendado

Aunque por ley (Decreto 547 de 1996), la sal en nuestro país debe llevar un contenido de yodo y de flúor, el alto consumo de este último mineral puede generar fluorosis dental y esquelética.

El flúor es altamente tóxico y es acumulativo, explica el profesor Édgar Delgado, del Departamento de Química y director del Grupo de Materiales en Odontología, quien advierte que la fluorosis dental se produce por el exceso en la ingesta crónica de este elemento químico, con manifestaciones musculoesqueléticas.

En 1926, gracias a Frederick Sumner McKay, quien descubrió en Colorado Springs que el flúor evitaba la caries, este se empezó a acoger en todos los países y hoy, debido a estas medidas, el 40 % de la gente en 25 países tiene fluorosis leve.

Existen evidencias claras en la India y en China de que la fluorosis esquelética y el mayor riesgo de fracturas óseas se producen por una ingesta total de fluoruro de 14 miligramos al día (mg/día); los estudios también sugieren un aumento del riesgo de efectos óseos debido al consumo de este compuesto por encima de 6 mg/día.

En el primer país mencionado, hay 60 millones de personas con esta dolencia, entre las cuales se registran 6 millones con osteoporosis incapacitante y 600.000 con problemas neurológicos, señaló el profesor Delgado.

Según el artículo 4 del Decreto 547 de 1996, la sal para consumo humano deberá contener yodo como yoduro en proporción de 50 a 100 partes por millón (ppm), y flúor como fluoruro en proporción de 180 a 220 ppm. En contraste, la Organización Mundial de la Salud (OMS) solo permite una dosis máxima de 0,7 ppm en Colombia. Según cifras del Ministerio de Salud, el promedio de consumo de sal en el país es de hasta 13 gramos (gr) promedio, que al ser multiplicado por 200 ppm, muestra que solo a través de la sal se consumen, en promedio, 2,4 a 2,6 ppm de flúor al día.

Según el profesor Delgado, con frecuencia los niños presentan unas manchas blancas que corresponden a una flourosis entre leve y mediana. “No sabemos todos los efectos del flúor, es cierto que previene la caries, pero la congela, no la cura. Además, aparentemente tiene efectos negativos en el coeficiente intelectual y en la calidad de los huesos en animales y humanos”, comentó.

El flúor también se encuentra de forma natural en el agua (más en unas regiones que en otras), en el teflón de los elementos de cocina, en los pesticidas, los productos dentales (cremas, enjuagues, resinas, barnices, geles), alimentos y bebidas con contenidos de sal, agua, gaseosas, jugos, cerveza, bebidas deportivas, papas, compota, en la carne deshuesada con máquina y en el té.

Este elemento, como lo explica el profesor, tiene un romance con la apatita, que es el componente principal de los huesos (el 68 % del peso sólido del hueso es apatita) y a medida que pasan los años, la cantidad ingerida se va acumulando en los tejidos duros, esmalte y huesos: “hay 80 % más de flúor en los huesos que en los dientes”, agrega.

Para Álvaro Wills, profesor de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, quien ha hecho estudios al respecto, las interacciones que tiene el flúor en el organismo son múltiples, ya que es el elemento más reactivo de todos.

Como él asegura, los excesos del flúor no solo tienen efectos en la fluorosis dental, sino también (secundarios) en el sistema endocrino, en los riñones y en el desarrollo cognitivo. Además, el flúor tiene la capacidad de traspasar la placenta y acumularse en el cerebro

Según su reporte, a nivel nacional las ciudades con mayor consumo de este material al 0,7 mg recomendado, es del orden de 98 municipios, específicamente en capitales como Ibagué, Mitú, Pasto, Pereira, San Andrés y Tunja; con un consumo mayor a esta concentración aparecen 40 municipios, capitales como Cali, Puerto Inírida, Neiva y los departamentos de Boyacá, Casanare, Cesar, Guainía, Huila, Nariño, Santander y Valle.

En estas zonas, el principal desequilibrio está asociado con la mayor ingesta de sal o de agua por las condiciones climáticas, las actividades diarias y las fuentes de agua fluorificadas naturalmente.

Según el profesor Wills, hay que estudiar si la mejor vía para llevar el flúor a los colombianos es la sal. “La industria alimentaria no debería contener flúor; las zonas con flúor natural en el agua tampoco deberían tener sal con este mineral”, concluye, al advertir que este elemento no es un nutriente ni se metaboliza.

U.N Salud. 

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