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La Luciérnaga

Dirige Gustavo Gómez

LUNES A VIERNES 4 p.m. - 7 p.m.

A mí se me hace cuento que La Luciérnaga nació por el apagón de 1992 (II)

Dos horitas por tres mesecitos, dijo el eufemismo del presidente César Gaviria para dejar a oscuras a Colombia y cambiar el huso horario.

A mí se me hace cuento que La Luciérnaga nació por el apagón de 1992, así los archivos y los historiadores no tengan dudas y los testimonios sean incontrovertibles y cada marzo se recuerde un año más del alumbramiento de este programa, cuya sintonía e influencia ha significado un punto de quiebre en la historia radial. A mí se me hace cuento. Es cierto, sí, que por aquellas épocas Colombia padecía el castigo severo de su naturaleza prodigiosa y de su también prodigioso desorden institucional. (…) A comienzos de 1992 —cuando el país tenía treinta y tres millones de habitantes según las cifras del Departamento Nacional de Estadística, Dane, el fenómeno climático redujo en un sesenta por ciento la altura de los embalses, y sonó la alarma. Que comenzaba un periodo de emergencia eléctrica, proclamaron, porque además de la sequía dictada de manera inapelable por la naturaleza, la Colombia de la improvisación también contribuía: la producción de energía térmica generada en la costa caribe estaba paralizada por huelgas y la hidroeléctrica de El Guavio, al noreste de Bogotá, de la que se venía hablando desde 1978 hacía catorce años, retrocedía en lugar de avanzar. En papeles costaría mil trescientos tres millones de dólares, pero los sobrecostos ya iban en seiscientos treinta y nueve millones de dólares más y sólo las tierras por donde se extendería, en cinco años, se habían encarecido en un dos mil seiscientos cincuenta por ciento. Léanlo en números: 2.650%

Así que tras pregonar la emergencia eléctrica, el Gobierno del presidente César Gaviria anunció apagón a partir del lunes 2 de marzo. Dos horitas por tres mesecitos, dijo el eufemismo gubernamental y sólo para sectores residenciales y —eso sí— el apagón no llegaba a Barranquilla que gozaba del Carnaval y estaba en vísperas de la muerte de Joselito, ajá. Tres días después el Gobierno, con cara de tragedia, dijo que el asunto era más grave y que aquella anormalidad podría ser por un año; el 14 de marzo la restricción se extendió a las zonas industriales; hubo apagones hasta de ocho horas en Bogotá; el primero de mayo de ese 1992 los relojes se adelantaron una hora y, hasta el 7 de febrero de 1993, cuando habían transcurrido casi once meses de la emergencia anunciada por tres mesecitos, Colombia regresó a vivir en el reloj biológico de sus costumbres cotidianas, después de haber padecido un cambio en su huso horario porque no estuvo a menos cinco sino a menos cuatro horas del meridiano de Greenwich

Eso pasaba en la Colombia burocrática, en la Colombia caótica, en la Colombia tierra querida. También eso pasaba, pero merecía un enfoque distinto, en las oficinas de Caracol que quedaban entonces por los lados de Puente Aranda, en la zona industrial de Bogotá”

*Tomado del libro “La Luciérnaga 20 años de humor y realidad”. Editorial Aguilar