El escritor Fernando Vallejo renuncia a la nacionalidad colombianaCaracol | Mayo 7 de 2007
Vote:
Promedio:6 votos
9 Comentarios

De manera exclusiva Caracol Radio conoció un documento a través del cual el escritor Fernando Vallejo renuncia a su nacionalidad colombiana. Vallejo, quien actualmente vive en México, recibió la semana pasada la nacionalidad de ese país, por lo que para él es claro que "esa mala patria de Colombia ya no es la mía y no quiero volver a saber de ella. Lo que me reste de vida lo quiero vivir en México y aquí me pienso morir".

En el documento, Vallejo enumera una serie de episodios vinculados a su carrera literaria y a sus experiencias cinematográficas que le hicieron entender que sus vínculos con Colombia se iban borrando paulatinamente. El más reciente de estos episodios está relacionado con el texto que sobre religión publicó en la revista SoHo: "Eso dizque era un agravio a la religión y me demandaron", dice el escritor. "¡Agravios a la religión en el país de la impunidad! En que los asesinos y genocidas andan libres por las calles, como es el caso de los paramilitares, con la bendición de su cómplice el sin vergüenza de Álvaro Uribe que han reelegido en la presidencia. Desde niño sabía que Colombia era un país asesino, el más asesino de la tierra, encabezando año tras año, imbatible, las estadísticas de la infamia. Después, por experiencia propia, fui entendiendo que además de asesino era atropellador y mezquino".

Este es el texto completo en el que el escritor Fernando Vallejo confirma que ya no se siente colombiano.

"A México llegué el 25 de febrero de 1971, vale decir hace 36 años largos, más de la mitad de mi vida, a los que hay que sumarles un año que viví antes en Nueva York. ¿Y por qué no estaba en Colombia durante todo ese tiempo? Porque Colombia me cerró las puertas para que me ganara la vida de una forma decente que no fuera en el gobierno ni en la política a los que desprecio y me puso a dormir en la calle tapándome con periódicos y junto a los desarrapados de la Carrera Séptima y a los perros abandonados, que desde entonces considero mis hermanos. Me fui a Nueva York a tratar de hacer cine, que es lo que había estudiado, y de allá me vine a México y en pocos años conseguí que Conacite 2, una de las tres compañías cinematográficas del Estado mexicano, me financiara mi primera película, Crónica roja, de tema colombiano. Entonces regresé a Bogotá a tratar de filmarla con el dinero mexicano. ¡Imposible! Ahí estaba el Incomex para impedirme importar el negativo y los equipos; la Dirección de Tránsito para no darme los permisos que necesitaba para filmar en las calles; el Ministerio de Relaciones Exteriores para no darme las visas de los técnicos que tenía que traer de México; la policía para no darme su protección durante el rodaje y el permiso de que mis actores usaran uniformes como los suyos y pistolas de utilería pues había policías en mi historia... Y así, un largo etcétera de cuando menos veinte dependencias burocráticas con que tuve que tratar y que lo más que me dieron fue un tinto después de ponerme a hacer antesalas durante horas. Entonces resolví filmarla en México reconstruyendo a Colombia. En Jalapa, la capital del Estado de Veracruz, por ejemplo, encontré calles que se parecían a las de los barrios de Belén y de la Candelaria de Bogotá y allí filmé algunas secuencias. Con actores y técnicos mexicanos, con dinero mexicano e infinidad de tropiezos logré hacer en México mi película colombiana a la que Colombia se oponía, soñando que la iban a ver mis paisanos en los teatros colombianos. ¿Saben entonces qué pasó? Que mi mezquina patria la prohibió aduciendo que era una apología al delito. Una apología al delito que se basaba en hechos reales que en su momento la opinión pública conoció y que salió en todos los periódicos, la del final de los dos hermanos Barragán, unos muchachitos a los que la policía masacró en un barrio del sur de Bogotá. A cuantas instancias burocráticas apelé, empezando por la Junta de Censura y acabando en el Consejo de Estado, la prohibieron. Nadie en Colombia, ni una sola persona, levantó su voz para protestar por el atropello, que no era sólo a mí sino al sueño de todos los cineastas colombianos, quienes por lo demás, sea dicho de paso, también guardaron silencio. Como yo soy muy terco volví a repetir el intento con mi segunda película colombiana, En la tormenta, sobre el enfrentamiento criminal entre conservadores y liberales en el campo cuando la época llamada de la Violencia con mayúscula, y con igual resultado: no me la dejaron filmar, la tuve que hacer en México y me la prohibieron, aduciendo que el momento era muy delicado para permitir una película así. Como yo sólo quería hacer cine colombiano y no mexicano, ni italiano, ni japonés, ni marciano, desistí del intento. En alguno de mis libros, aunque ya no me acuerdo en cuál, conté todo esto pero con más detalle: los camiones de escalera y los pueblitos colombianos que tuve que construir, los platanares y cafetales que tuve que sembrar en las afueras de la ciudad de México, los ríos quietos como el Papaloapan que tuve que mover para que arrastraran los cadáveres de los asesinados con la ira del río Cauca, la utilería que tuve que mandar a hacer o traer de Colombia a México, como las placas de los carros y las botellas de cerveza... Nunca acabaría de contarte cosas. Te lo resumo en una sola frase: Colombia, la mala patria que me cupo en suerte, acabó con mis sueños de cineasta.

Entonces me puse a escribir y durante diez años investigué, día tras día tras día, en un país o en otro o en otro, en bibliotecas y hemerotecas de muchos lados, sobre la vida de Barba Jacob, mi paisano, el poeta de Antioquia, que durante tantos años vivió en México y que aquí murió, y acabada mi investigación de diez años en uno más la escribí y me puse a buscar quién la editara. Se acercaba el año 1983, el del centenario del nacimiento de Barba Jacob, y el Congreso colombiano se interesaba en ello. No creían lo que yo les contaba del poeta ni los años que llevaba siguiéndole sus huellas. Me pidieron que les mandara pruebas y les mandé entonces fotos e infinidad de documentos. Nada de eso me devolvieron, con todo se quedaron y el libro lo pensaban publicar en mimeógrafo. Les contesté que eso no sólo no era digno de Barba Jacob, un gran poeta, sino de ellos mismos, unos aprovechadores públicos que se designaban como el Honorable Congreso de la República. Que se respetaran. Entonces publiqué mi biografía Barba Jacob el mensajero en México con dinero de amigos mexicanos. Cuantas veces me ha podido atropellar Colombia me ha atropellado. Hace un año me quería meter preso por un artículo que escribí en la revista SoHo señalando las contradicciones y las ridiculeces de los Evangelios. Eso dizque era un agravio a la religión y me demandaron. ¡Agravios a la religión en el país de la impunidad! En que los asesinos y genocidas andan libres por las calles, como es el caso de los paramilitares, con la bendición de su cómplice el sinvergüenza de Álvaro Uribe que han reelegido en la presidencia. Desde niño sabía que Colombia era un país asesino, el más asesino de la tierra, encabezando año tras año, imbatible, las estadísticas de la infamia. Después, por experiencia propia, fui entendiendo que además de asesino era atropellador y mezquino. Y cuando reeligieron a Uribe descubrí que era un país imbécil. Entonces solicité mi nacionalización en México, que me dieron la semana pasada. Así que quede claro: esa mala patria de Colombia ya no es la mía y no quiero volver a saber de ella. Lo que me reste de vida lo quiero vivir en México y aquí me pienso morir".

Fernando Vallejo

México, mayo 6 de 2007

Servicios
Buscar temas relacionados
Compartir

Comentarios - 9
Pagina 1 de 2
12
 
9 LUCHO | 12/27/09 23:57:01 Triste pero cierto tenemos un hermoso territorio, pero una porqueria de pais, parece que Dios hubiera juntado toda la Mi...da en un mismo sitio. Responder
8 han yenrry ortiz r. | 07/13/09 16:52:46 simplemente resta decir que colombia es una tierra donde la gente del alto gobierno trata de tapar todas sus basuras y todas sus porquerias con la mascara que podria ser la iglesia , una iglesia que una asesina tan grande como el el caso de cualquier asesino en serie que haya podido existir ,entonces si alguien habla de colombia que no es su patria lo dice tambien haciendo referencia no tanto a la tierra por que le tierra solo es tierra y no tiene la culpa pero la gente que habita en ella si sigue siendo la misma que se compromete a engañar a nuestro pueblo sin dejarlo progresar ni conocer lo que podria ser pais habitable y con oportunidades. Responder
7 Anónimo | 05/24/09 21:32:55 La misma historia me pasó a mi, pasar de ascendencia campesina boyacense a convertirme en políglota y residente en otro país porque las maquinarias corruptas en Colombia no permiten que nosotros los hijos de los pobres tengamos oportunidades para demostrar lo que en otras partes nos hace muy célebres. Casualmente hace algunos días le comenté a uno de mis amigos sobre mi intención de renunciar a mi ciudadanía Colombiana. Responder
6 Juan Pablo Alzate | 12/09/08 14:31:37 Yo creo ke tanto resentimiento no es bueno kerido escritor, especialmente cuando es contra el pais en el ke fuiste engendrado, de aqui saliste te guste o no, has cambiado tu nacionalidad solo en papeles pero en ti aun corre sangre Colombiana, y lo hara hasta ke mueras ademas quienes te "atropellaron" son si no meros representantes(corruptos o no) que no alcanzan jamas a abarcar la gran calidad humana de nosotros los Colombianos, y mejor aun de los que nos sentimos orgullosos de esta hermosa tierra y Gente. A proposito, no es que te hayas cambiado al mejor pais del mundo, recuerda que Mexico con todo lo bueno que te parece tiene uno de los indices mas grandes de violencia, narcotrafico y corrupcion, con todo el respeto de los buenos hermanos Mexicanos, solo por que ellos te dieron dinero para hacer peliculas no significa que sean mejores que nosotros tus POR SIEMPRE hermanos Colombianos. Con mucha dignidad Un Orgulloso Colombiano Responder
5 Olga | 11/06/08 01:48:03 Nací en Colombia y hace 32 años tengo la nacionalidad Holandesa,no sabía nada de Fernando Vallejo,hasta que ví La Virgen de los Sicarios y allí descubrí mis verdaderos sentimientos y temores por el hecho de ser Colombiana,he quedado alucinada porque Vallejo ha puesto palabras a éstos sentimientos y comparto con él la decepción y el desengaño.Bravo Vallejo!!!!por definir y no tener pelos en la lengua.Eres un hombre inteligente. Gracias, porque yo no encontraba las palabras adecuadas y tú las has puesto en mi mente. Responder
12
Mi opinión: (Máximo 1.000 caracteres)

(*) Si el mensaje excede el número máximo de caracteres será truncado automáticamente por el sistema.
Nombre - Obligatorio
Email - Obligatorio
Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de CARACOL
  • No está permitido registrar comentarios contrarios a las leyes Colombianas o injuriantes.
  • Reservado el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
  • Los mensajes aparecerán publicados en unos minutos.
Publicidad

LO QUE HAY
QUE OIR

Publicidad
ContactoEmisorasPublicidad en InternetAviso LegalNoticias RSS
© CARACOL S.A. Calle 67 # 7-37 Bogotá - Colombia . Tel. (571) 348 76 00. Caracol es una empresa de Medición: