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Ecocéntricos

Columna de opinión de Rafael Vergara Navarro

Mientras celebro que con un Ecobloque lidere el alcalde la recuperación de la autoridad y nuestro agredido ecosistema de ciénaga y manglares, alarma la elección de Bolsonaro en Brasil por la dimensión del anunciado impacto que podría sufrir la Amazonía y el ambiente mundial, al retornar las tesis de la dictadura (1964-85) y su “derecho” a desforestar, atropellar la sabiduría milenaria de conservación y las protecciones, vender y volver la selva madera, privatizando una amplia extensión de su 60% del pulmón del planeta.

 

Cuando la salud de la Tierra, la naturaleza y la biodiversidad están en descenso y existe un compromiso mundial con el clima, resulta inadmisible tanto la pasividad y el inmovilismo local, como el “nacionalismo” de un gobierno militarista que, para justificar la deforestación, pondera por encima de la selva la “rentabilidad” de la ganadería o la siembra de soya.

 

Incumplir por ambición con la descarbonización de la atmósfera y la protección de la naturaleza es traspasar límites de racionalidad y sobrevivencia. El pacto de gobiernos y empresas en la COP21 de París fue lograr que en 2030 el aumento de la temperatura sea menor a 2 grados, lo que obliga a disminuir en 45% las emisiones de CO2.

 

Los bosques son una tecnología natural probada por la naturaleza para controlar y disminuir el calentamiento y sus consecuencias: sequías, huracanes, olas de calor, tragedias naturales y pérdida de especies.

 

Deforestar aquí o allá es alterar los patrones de las lluvias en la proximidad o a miles de km, y con ello la alimentación del mundo.

 

En los últimos 50 años han desaparecido casi el 20% de la Amazonía y entre el 30 y 50% de los manglares que atrapan casi 5 veces más carbono que los bosques tropicales.

 

Estimula que pese al ecocidio aún existen y cumplen esa función, y que haya voluntad de protegerlos y reforestar sus espacios usurpados.

 

La revista Proceedings afirma que “somos el 0.01% de la vida del planeta y desde el inicio de la civilización hemos arrasado con la mitad de las especies”. Entre 1970-2014 la población de mamíferos, peces, anfibios y reptiles disminuyeron en 60%. Hemos extinguido el 83% de los mamíferos salvajes y la mitad de las plantas. De 1950 a hoy extrajimos 6 mil millones de toneladas de peces y mariscos y el 90% de las aves marinas tienen plástico en el estómago, en 1960 era el 5% (WWF)

 

Superando los Bolsonaros de acá y allá, requerimos un ser “ecocéntrico” adaptado al ecosistema, capaz de contrarrestar la etapa geológica del Antropoceno: el impacto al planeta por el aumento de la actividad humana, su creciente demanda de energía, tierras, agua y alimento, la contaminación y el consumo que sobrexplota especies, bosques, suelo, ríos y océanos.

 

No estamos perdidos, existe una sociedad mundial, continental y local con conciencia ecológica que lucha para contener el daño ambiental y ser sostenibles.

 

Para alcanzar un buen mañana, hoy es menester atender lo que indica la ciencia: reforestar, avanzar en el uso de energías renovables, grabar el uso del carbono, limitar la frontera agrícola, controlar la extracción, producir y educar al ciudadano asimilando que ser hijos de los Dios no exime de la responsabilidad de ser hijos de la naturaleza.

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