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Campo

Orgullosos de ser campesinos

Colombia celebró el Día del Campesino y en Caracol Radio le hacemos homenaje a quienes se dedican a esta labor.

A las 5 de la mañana empieza la jornada para Geovany Galvez Castaño, un campesino de la vereda El Jardín en Neira Caldas.

A sus 40 años recuerda que, siguiendo la tradición de la familia, empezó desde los 9 a realizar pequeñas labores de campo para ayudar a su padre, pero luego, para ganarse un jornal, ya se dedicó a oficios más pesados igual que todos los demás trabajadores.

Recorrió muchas lugares del eje cafetero buscando el pan diario, hasta que hace 5 años se hizo propietario de una finquita, como él la llama y que, curiosamente, también tiene por nombre El Jardín.

Tiene café, plátano, banano, yuca y algunas pequeñas parcelas con cultivos de pan coger. Su principal producto es el café, pero no es ajeno a las graves dificultades del sector por los bajos precios de venta y los altos costos de producción.

Sabe que mantener una finca es muy difícil y por eso dice que se debe tasar la platica, aunque en ocasiones las ganancias no son suficientes para cubrir las necesidades y debe buscar empleo en otras fincas cercanas e incluso recurrir a préstamos.

Sin perder su sonrisa, reconoce que las faenas del campo son muy difíciles y que varias veces sufre de dolores en todo el cuerpo y se enferma por tener que cargar tanto peso y subirlo por empinadas lomas. Pero agradece la tranquilidad de la vida en el campo y es consciente de lo costoso que puede ser vivir en la ciudad.

Se siente muy orgulloso de ser campesino y dice que es uno de los que mejor paga en el sector cuando requiere contratar mano de obra, pues mientras él ofrece 30.000 pesos diarios a un trabajador, libres de alojamiento y comida, la mayoría de sus vecinos ofrecen unos 25.000. Esto, y el hecho de no poder pagar prestaciones sociales, hace que la gente que se vaya para la ciudad, especialmente los más jóvenes.

Y en todo este mundo del campo está presente la mujer. Paola Andrea Bedoya también lleva toda la vida en la finca, siguiendo la tradición de su familia.

Desde que tiene uso de razón ha hecho todo tipo de labores en el campo, especialmente coger café, que es lo que más le gusta.

Su día debe repartirlo entre atender a su familia, preparar los alimentos para los trabajadores y llevarlos hasta los cafetales, lo que se hace especialmente difícil cuando llueve.

Hace que su hijo se sienta orgulloso de ser campesino, pero le insiste mucho en que estudie y logre tener un futuro mejor y con un trabajo diferente a las labores de la tierra.

Los sueños de los más pequeños también tienen lugar en la vida campesina. Johan Hernando tiene apenas 8 años, pero vive feliz en medio de cafetales y animales de granja.

Él y todos sus amiguitos del colegio tienen vidas similares con una diversión basada en los juegos tradicionales, montar bicicleta y muy alejados de los aparatos tecnológicos y las redes sociales.

A pesar de su corta edad ya sabe lo que es coger café con su padre e incluso admite que le rinde bastante.

Se siente feliz de esta vida y le gustaría que sus hijos también cuidaran la finca, aunque fija sus ojos en el horizonte y sonríe al pensar en su sueño, convertirse en abogado y dar a su familia una vida mejor.

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