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'Hippielandia': Turistas que viven meses en carpas en las playas de Barú

Caracol Radio visitó la playa que será cerrada por el ministerio del medio ambiente

A través del decreto 0885 del 27 de junio de 2016, la Alcaldía Mayor de Cartagena de Indias prohibió acampar en el balneario conocido como Playa Blanca, en la Isla de Barú. Sin embargo, existen colonias de turistas asentadas a la orilla del mar, que prácticamente viven allí, hasta por tres meses.

Luego de caminar por una trocha enmontada durante cuarenta y cinco minutos, desde la carretera de Barú, Caracol Radio llegó hasta la playa de El Níspero, en la zona conocida como La Puntilla, en el balneario de Playa Blanca, y encontró lo que turistas y residentes bautizaron como “Hippielandia”.

Este lugar, según residentes de la zona, es al que llegan las tortugas carey para realizar su proceso de desove y reproducción, temporada que comenzará en menos de un mes. Es también la zona que, por orden del Ministerio de Ambiente, será cerrada por siete meses, a partir del 10 de mayo, para preservar el ecosistema.

Las carpas dominan el paradisíaco paisaje, a la orilla del mar Caribe. En la arena, se han instalado decenas de turistas, mayoritariamente argentinos, aunque también se encuentran estadounidenses, españoles, rumanos, y hasta colombianos. Ellos viven allí, durante algún tiempo, violando la restricción de acampar.

Ariadna es argentina. Una morocha como dirían en su país. Llegó hace una semana, y no tiene pensado partir por ahora de la isla. “Me voy a quedar por el tiempo que me dure la comida que hemos traído”, dice entre risas. Mientras respondía esta entrevista, cocinaba varias arepas para desayunar junto a sus compañeras de viaje: otra paisana suya, una rumana y una norteamericana.

“Playa Blanca es un paraíso. Vinimos y acampamos, tratamos de sobrevivir como podemos, traemos la comida y el agua del pueblo. Aquí cocinamos, es el verdadero camping”, dice la bonaerense.

Ariadna, y los demás habitantes de “Hippielandia”, cocinan en estufas artesanales, hechas con piedras, leña, y una parrilla. “Cuando llegué, encontramos la estufa hecha, la dejaron otros campistas. Aquí cocinamos los alimentos, y los que se van, dejan las estufas para los que vienen atrás”, afirma.

Y aunque la población es flotante, y cambia todos los días, hay turistas que llevan meses allí. El que más tiempo se quedó a vivir es otro argentino, Bobby, que no quiso hablar, pero que dice estar feliz tras cuatro meses habitando en la playa.

“Todo el tiempo se va renovando la gente, como puede haber días con solo cuatro personas, hay días donde hay más de treinta”, señala Bruno, también del sur del continente, compañero de Bobby, que lleva mes y medio en lo que llama “el paraíso”. “Hay noches en que toda la playa está llena de carpas”, confirma Alberto, comerciante de la playa, que accedió a hablar con una identidad cambiada.

¿Cómo se sobrevive tanto tiempo viviendo en carpas en una playa, lejos de un centro urbano? Bruno cuenta que hacen artesanías que venden en los balnearios cercanos, o cantan, para ganarse unos pesos y comprar comida en Santa Ana, el pueblo más cercano.

“Estamos en un lugar en el que no pagamos hospedaje, estamos disfrutando, viviendo la vida. La comida la compramos, la traemos, acá cocinamos. Las estufas van quedando acá en la playa”, dice Bruno. El mismo decreto que prohíbe acampar, prohíbe el ingreso de alimentos, y la realización de fogatas en la isla.

Y esta no sería la única forma en que los turistas estarían violando la ley, según Alberto. “Ellos fuman, comen, beben, hacen orgías, consumen drogas. El consumo de drogas, sobre todo, es masivo. Es una droga que traen en sus mochilas, y se ve el consumo masivo a todas horas. Acampan por tres o cuatro meses, Y en las noches, se ve a la gente teniendo sexo en las playas. Está prohibido pero las autoridades hacen caso omiso”, señala.

¿Y las autoridades? Bruno dice que no tienen problemas con la Policía. “A veces se acerca a preguntarnos qué hacemos, pero como nosotros tratamos de manejar una buena actitud, ellos nos dejan en paz. No siempre, pero nos revisan, y como no estamos haciendo nada malo ni fuera de la ley, no tienen por qué molestarnos”, relata.

Alberto confirma esa afirmación. “La policía viene, hace ronda, dialogan con ellos, y puede que a veces saquen alguno, pero no hacen nada de fondo. Se hacen los ciegos”, apuntan.

La presencia de estas colonias de turistas también genera basura, y ellos mismos lo reconocen. “La gente debería cuidar más el ambiente, hay un montón de basuras, de plásticos por todos lados”, reclamó Dora, turista rumana que llegó hace dos días a la zona. Es común ver plásticos, bolsas, botellas y desechos a la orilla del mar, y ropa colgando en tendederos improvisados entre carpa y carpa.

El próximo 10 de mayo entrará en vigencia el cierre parcial del balneario ordenado por el Ministerio de Ambiente, hasta el 30 de noviembre, con el fin de garantizar el periodo de anidación de la Tortuga Carey, especie que actualmente se encuentra en peligro de extinción. ¿Será el final de “Hippielandia”?

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