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Ancianos y religiosas también se unieron al Paro Cívico de Tunja

El ancianato de Tunja también se queja por el alza exagerada de los impuestos. Aseguran que hay riesgo de cerrar el hogar de los abuelos más pobres.

Durante 101 años las hermanitas de los pobres, una congregación religiosa, se encargan de sostener el ancianato de Tunja ubicado en la calle 17 con carrera 12 en el centro de la ciudad.

Actualmente están preocupadas porque sus deudas crecen como arroz, esto debido a la cantidad de impuestos que durante años han tenido que pagar. La sobre tasa ambiental y bomberil, dentro de otros tributos, se han convertido en parte de sus ‘dolores de cabeza’.

Días atrás las religiosas escucharon a través de la radio que un ‘Paro Cívico’ en contra del impuesto predial se avecinaba. Los promotores de la jornada de protestas, prometieron que se desarrollaría de forma pacífica.

Las hermanitas de los pobres, que nunca habían salido a protestar, no eran ajenas al inconfomismo de los tunjanos, quienes alegaron en ‘cacerolazos’ pasados, que suben los impuestos, pero poco se ven invertidos los recaudos en la ciudad.

Por eso este miércoles 25 de abril, Sor Blanca Cecilia Pinto Martínez y el resto de las monjas que hacen la obra social del ancianato, madrugaron a orar como de costumbre.

Prepararon de forma especial a 10 de sus ancianos, los que mejores condiciones de movilidad tienen para salir a la calle: la cita era en la Plaza de Bolívar de Tunja, para unirse a la protesta social y pacífica.

Enfermeras y personal que apoya las tareas del ancianato, también acompañaron la manifestación. En sillas de ruedas trasladaron a algunos abuelitos.

Se ‘armaron’ de sombrillas por si el sol o la lluvia se hacían presentes; alistaron dos grandes pancartas, pitos, tapas de ollas, y un megáfono para levantar su voz en la calle.

Frente al palacio municipal, las monjas y los ancianos pidieron que la alcaldía y las autoridades competentes, evalúen su caso en particular.

“Tenemos una deuda con la alcaldía municipal de aproximadamente 263 millones y medio, solamente por concepto de impuestos nosotras no tenemos rentas fijas, no recibimos ancianos pensionados, y somos un grupo de religiosas sin ánimo de lucro, que desde hace 101 años realizamos esta obra en la ciudad”, dijo en Caracol Radio Sor Blanca Cecilia.

Sostuvo que “la alcaldía debería exonerarnos de este pago porque nos da tristeza que con esta deuda que nos están cobrando, más los nuevos tributos, nos veamos obligadas a cerrar la casa en la que hemos servido a los ancianos de esta ciudad por tanto tiempo, ¿qué pasaría con nuestros ancianos pobres que buscan en nosotros una familia mientras dios los llama?. Ojalá la alcaldía nos escuche, y contemple una solución a nuestro caso, de forma humanitaria”.
En el ancianato hay 70 abuelos residentes, y más de 10 flotantes que no pernoctan en el hogar, pero si se alimentan en él.

“Son las hermanitas de los pobres. Ellas se van todos los días a las calles a pedir limosna para sostenernos a nosotros los ancianos, y nos tratan muy bien. Nos tienen siempre la mesa puesta, no sé cómo hacen, pero no falta el desayuno, las medias nueves, el almuerzo, las onces y la cena; nos lavan y planchan la ropa muy bonito, nos hacen felices; entonces creemos que es injusto que estas hermanitas tengan que pagar tan caro por un impuesto predial, sabiendo que viven realmente de la misericordia de Dios y de la caridad de la gente de buen corazón”, dijo una de las abuelas que desde su silla de ruedas protestó.

Una de las enfermeras del ancianato, explicó su preocupación por la falta de dinero para sostener el lugar: “de tener que pagar esos impuestos, no habría recursos para nuestros viejitos, quedarían muchos por fuera, nos tocaría devolverlos a las calles de donde vienen, o a familias maltratadoras y que poco se interesan por ellos. Son abuelitos muy humildes, la alcaldía debe ponerse la mano en el corazón”.

Al lado de la enfermera, dos ancianas pidieron la palabra: una de ellas señaló: “yo no tengo a nadie, estoy sola, mi familia son los ancianos que como yo tenemos asilo en la casa de las hermanitas. Vivo allí hace 7 años, y no me quiero ir. Pero entendemos que si las hermanas tienen que pagar tantos impuestos tendríamos que irnos, y eso no lo queremos, ese hogar es para nosotros los ancianos pobres, los que no tenemos familia y que encontramos en el ancianato, un lugar para vivir los últimos días de nuestras vidas”.

La familia del ancianato gritó y protestó unida durante más de una hora bajo un intenso sol. Pese a que intentaron hacerse lo más visibles que pudieron, no lograron que el alcalde Pablo Cepeda, o alguno de sus secretarios o funcionarios se acercara a ellas para preguntar por su particular drama.

Hacia el medio día retornaron caminando hasta su hogar, “seguiremos rezando para que nuestros dirigentes nos escuchen. Hoy elevaremos un rosario muy especial para ellos, confiamos en que por fe, nos van a voltear a mirar”.

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