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El viacrucis de Tunja es el exagerado cobro del impuesto predial

El excesivo cobro del impuesto predial en ciudades como Tunja tras la actualización catastral, es la cruz que cargan los boyacenses.

Archivo /

Tener casa propia siempre va a ser una bendición para los colombianos. Pero este año, se está convirtiendo en un dolor de cabeza para muchos, ya que la actualización catastral hecha por el Instituto Agustín Codazzi, IGAC, que elevó exageradamente el cobro del impuesto predial para ciudades como Tunja, que para este año ha aumentado hasta en 1000%, se convirtió en un verdadero viacrucis para los contribuyentes. La misma cruz la cargan en Jenesano, Tibasosa y otros municipios de Boyacá y del país.

“Es una historia de viacrucis donde vemos personificada la figura de los Romanos en el IGAC que pretende crucificar al pueblo tunjano a través del cobro de un impuesto que es absolutamente injusto. Pero hay otras personalidades que se identifican en el camino como Barrabás, unos ‘Barrabases’ que andan sueltos y que fueron elegidos por el cobro de los ciudadanos, ahora andan por ahí confabulándose con el IGAC para que nos cobren este tributo. Esperamos que el alcalde de Tunja Pablo Emilio Cepeda, no se lave las manos con esto al estilo de ‘Poncio Pilatos’, para que no se repita la crucifixión de Jesús, con la crucifixión del pueblo tunjano, a través de ese cobro abusivo”, expresó en Caracol Radio David Contreras, abogado y uno de los líderes inconformes con el avalúo catastral actual en la ciudad.

Otras personas que aún esperan sus viviendas desde hace años por culpa de constructores incumplidos, o que están a punto de desalojarlas por riesgo inminente de desplome, también viven su propio calvario.

“Los tres viacrucis para Torres del Parque y Estancia del Roble, proyectos de vivienda de interés social, VIS, en el occidente de Tunja, son: 620 familias esperando sus viviendas desde hace 8 años, alrededor de 30 familias que fueron y tienen que ser desalojadas de Torres del Parque por el inminente peligro que hay de desplome en esas edificaciones, algo que nos tiene en calamidad, y pagar un impuesto de algo que no existe, impuestos exagerado por viviendas que no entregan o que entregaron mal hechas, mal planificadas, con malos materiales, y sobre suelos peligrosos”, explico Sonia Martínez, líder de dichas localidades.

Los contribuyentes esperan que sus gobernantes resuciten la esperanza de que tener vivienda en Colombia, no sea un dolor de cabeza ligado con uno de los pecados capitales, el de la ‘avaricia’, para los que se lucran en el negocio de la construcción y del cobro de impuestos, sino que en cambio, signifique un acto de justicia y equidad con el prójimo.

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