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Los pecados del pescado en Semana Santa

En Santa Marta, vendedores de pescados han criado la mala fama de vender una especie por otra, para engañar al cliente y ganar un poquito más.

Todos miran siempre al animal, que pese a tener los ojos abiertos, ya no ve y, por ende, no se puede defender; por eso, todos lo culpan y lo quieren crucificar. Se trata de las distintas especies de pescados que por estos días se ponen de moda, por aquello de la tradición religiosa de no comer carnes rojas durante los días santos, lo que hace que el menú varíe en la mesa de la mayoría de las familias en el país del Sagrado Corazón.

Y es esa condición inerte del pescado, que los vendedores aprovechan para modificarles el nombre y hacer un negocio redondo, cambiando una especie por otra, al momento de tener al frente a un cliente de escaso conocimiento en temas de variedades marinas y también de ríos.

Esa práctica engañosa en esta época de Semana Santa, pese a ser una semana de reflexión, está a la orden del día. Y es que los vendedores mañosos e inescrupulosos salen a las calles con gran cantidad de Mojarra Roja, esperando que aparezcan los primeros incautos para vendérselas como Pargo Rojo; ni qué decir de la Carita, que por su tan estrecho parecido a la Sierra, aparece engalanando la mesa de hogares de todos los estratos, en medio del engaño propiciado por el ‘avivato’ vendedor.

Lo mismo ocurre con el Róbalo, que siempre es cambiado por la Corvina, llevándose esta última, la mejor parte; porque se va a complacer el paladar de la clientela, sin poder gritar a los cuatro vientos que ella no es un Róbalo.

Tal cual está pasando con la Mojarra Blanca de mar, que de manera despiadada es cambiada por la malmirada Cachama, que es criada en pozos de agua dulce y ni siquiera se imagina de qué color es el ancho mar. “Hay muchos de nosotros que les gusta engañar a los clientes entonces les venden Mojarra Roja como su fuera Pargo Rojo. Eso ocurre, sobre todo ahora en Semana Santa”, asegura Grety García, una de las vendedoras del Mercado Público de Santa Marta.

En todo caso, comida es comida, y sin importar la especie, el pescado es de lo más apetecido durante la Semana Mayor en Santa Marta; es por eso que ante la alta demanda, los oferentes se valen de la ocasión para hacer de las suyas; sin importar que el Domingo de Resurrección, tengan que enfrentar el sermón del cura, que les recibe la confesión y el señalamiento, porque para los vendedores que confiesan sus pecados, la culpa es del pescado.

“Lo mejor para la clientela es que adquieran sus productos en la Central de Abastos o le compren a su vendedor de confianza en caso que adquieran los productos en la calle, para evitar que los inescrupulosos se aprovechen en esta época de alto consumo de pescados y mariscos”, dice la Secretaria de Desarrollo Económico del Distrito, Aura Carolina García.

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