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Lupa Regional

Cambiar el pañal

Columna de opinión de Orlando Oliveros Acosta

Hay una frase atribuida al dramaturgo irlandés George Bernard Shaw que dice que “a los políticos y a los pañales hay que cambiarlos de seguido… y por las mismas razones”. Quizás el desastre de Cartagena pueda ser explicado a partir de aquellas palabras. Tal vez nuestra falta de gobernabilidad y nuestra ruina institucional no sea sino el resultado lógico de unos pañales sucios con las miserias de la política tradicional.

Me refiero a que hemos dejado los asuntos del Distrito en manos de los mismos personajes por tanto tiempo que ya era hora de que la podredumbre se oliera claramente, sin la necesidad de señalarla con las manos. Como en la casa presidencial de la novela El otoño del patriarca, nuestros organismos públicos están repletos de excrementos y gobernados por la desolación. Vamos rumbo al noveno acalde en ocho años, porque los que hemos tenido han sucumbido a la delincuencia y al ejercicio improductivo de la interinidad. Y aunque sobre la Alcaldía podría decirse que ha habido un constante cambio de mandatarios, paradójicamente no ha habido un cambio de pañal: el desfile de rostros que se han paseado por el Palacio de la Aduana ha contado con negros, blancos, gomelos y champetúos (o que dicen ser champetúos), pero nunca ha cambiado de dueños ni se le han roto los hilos del poder que conducen hacia las mismas familias políticas de siempre.

Los García, los Blel, los Montes, los alfiles de Enilce López ‘La Gata’… Todos ellos suenan como la canción rayada de un disco que reproduce el álbum defectuoso de nuestra tragedia regional. Constantemente los vemos aparecer en cada contienda electoral, de aquí para allá, dialogando con los candidatos, mientras los demás grupos políticos de la ciudad los observan como quien contempla un poder descomunal. Enormes en tamaño, casi como si fueran elefantes en esta fauna tropical, así también ha sido la boñiga que han dejado.

“A los políticos y a los pañales hay que cambiarlos de seguido”, recomendaba Bernard Shaw, pero los cartageneros hemos hecho todo lo contrario: los hemos perpetuado en el poder. Como ejemplo de ello está el Concejo Distrital: de los diecinueve concejales electos para el período 2016-2019, nueve repitieron su curul, mientras que dentro de los diez restantes, hay varios que, aun cuando llegaron al cargo por primera vez, conservaron el poder político en el ámbito familiar, como fue el caso de Angélica Hodeg (hija del exconcejal Lorenzo Hodeg, vinculado al clan de los García) y Javier Curi (hijo del exalcalde Nicolás Curi y relacionado con el clan de los Montes). Actualmente, entre debutantes y repitentes, hay diez concejales que han tenido que salir por la puerta de atrás del Concejo como consecuencia de la elección irregular de la contralora distrital. Ellos son: Jorge Useche, la mencionada Angélica Hodeg, Lewis Montero, William Pérez, Édgar Mendoza, Duvinia Torres, Americo Mendoza, Luis Javier Cassiani, Erich Piña y Antonio Salim Guerra. A este decálogo de luminarias les fue otorgada la detención preventiva mientras se avanza en las investigaciones (Useche está preso en la cárcel de Sabanalarga). Sumado a esta problemática están la curul vacía que dejó el exconcejal Ronald Fortich por un presunto caso de doble militancia y la más reciente renuncia del concejal David Dáger, alegando motivos personales. Dáger había sido concejal durante siete períodos.

Frente a todo esto, el Concejo Distrital va a tener que sesionar con siete integrantes de diecinueve posibles, todo un chiste institucional. Cuando parece que ya el pañal no da para más, que ya no podemos empatarnos más de tanta excrecencia, los políticos locales nos sorprenden con una nueva descarga.

¿Qué falta por suceder para que los cartageneros nos hartemos de los vicios de esta política clientelista, mentirosa y criminal? ¿Qué más tiene que ocurrir para que castiguemos con nuestros votos a las maquinarias mafiosas de la región? ¿Cuándo podremos cambiar realmente el pañal? De todo este desorden y esta pelotera gubernamental, lo único que me mantiene atado a la esperanza es la idea de que después del error y la tragedia llegan las enseñanzas. Quizás hemos tocado fondo para aprender a votar.

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