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“Mi empresa es el campo”: beneficiario de restitución de tierras de Bolívar

Héctor Navarro, beneficiario de restitución de tierras de la vereda Bonito (El Carmen de Bolívar)

Cuando Héctor Navarro recuperó su tierra, dos cosas pasaron por su cabeza. La primera: no volver a salir de ella. La segunda: convertirse en un empresario exitoso. Y lo está logrando.

 

“Los campesinos pedimos que la Ley de Restitución de Tierras siga y así las víctimas sigamos siendo importantes para el Gobierno. Hoy en día se siente tranquilidad, paz al poder tener la mente ocupada en nuestro trabajo en el campo y no en el conflicto. Nos sentimos satisfechos y queremos continuar”.

 

Durante la más reciente visita de Alcelis Coneo Barboza, directora (e) de la Unidad de Restitución de Tierras (URT) en Bolívar, a predios restituidos, la funcionaria tuvo la oportunidad de escuchar atentamente a varios beneficiarios, entre ellos Héctor, quienes están en sus parcelas, trabajando en sus proyectos productivos, y viviendo en sus casas nuevas.

 

“El fruto del trabajo de la URT se materializa en historias como la suya. La Unidad de Restitución de Tierras quiere que, como don Héctor, sean cada vez más los campesinos que transformen su historia de vida y la del país. Queremos que esto trascienda a todos los mandatos de Gobierno, donde para construir paz, las víctimas deben ser lo primero. Hemos llegado a lo que parecía imposible llegar. Queremos decirles a todos los colombianos que de acuerdo al testimonio de don Héctor, sí es posible transformar el campo”, aseguró la directora.

 

Cuando la guerra quiso dañar lo Bonito

 

En marzo de 2003, 30 familias de la vereda Bonito, que trabajaban su tierra, fueron víctimas de desplazamiento masivo, tras un fuerte enfrentamiento entre las Farc-EP y el Ejército.

 

Los campesinos se desplazaron a la cabecera municipal de El Carmen de Bolívar, lugar en el que enfrentaron necesidades económicas, laborales y sicológicas. Tuvieron que dedicarse a labores a las que no estaban acostumbrados. Muchas de las familias luego se separaron, tratando de sobrevivir en distintas zonas del país, pero las amenazas y extorciones por parte de los grupos ilegales continuaron.

 

Años después empezaron a retornar, parcialmente, a las parcelas abandonadas en difíciles condiciones, pues no contaban con apoyo para emprender de nuevo un proyecto de vida. Su dinámica familiar, social y económica no se reconstruía.

 

Pero escucharon de la existencia de una ley que había sido creada para las víctimas del conflicto. Al principio, como lo narran las familias, había gran desconfianza; pero no perdieron la esperanza de recuperar lo perdido y se animaron a reclamar.

 

Ganado, cerdos y carneros; cultivos de ñame, yuca y maíz; pozos para cría de cachama y mojarra; gallinas, patos y pavos, ahora son la realidad de estas familias a las que les han restituido 151 hectáreas de tierra, con subsidio de vivienda, y en donde han sido invertidos $215.288.593 en proyectos productivos, base de su reactivación económica y reconstrucción de tejido social. La vereda Bonito, según sus habitantes, ha recuperado la belleza que perdió por culpa de las balas y la intolerancia.

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