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Lupa Regional

Motivaciones Ambientales

Columna de opinión de Rafael Vergara Navarro

Como lo expresé en la audiencia de información realizada por la ANLA en días pasados, ser ambientalista no significa oponerse por animadversión o por ignorancia de lo importante que es para el país la expansión empresarial portuaria o el crecimiento de la ganancia del que invierte.

¡No!, va más allá: es un tema de visiones e intereses. Nos anima la protección del capital natural, el patrimonio ecológico de la Nación, la defensa del bien común y el interés general, el acatamiento riguroso de la ley ambiental.

Por dura que ella sea su correcta aplicación es única garantía de lograr ser en realidad sostenibles, es decir contener los intereses desmedidos de ganancia que pueden no estar valorando el costo o el daño y poder garantizar nuestra existencia futura, la de las especies y el entorno.

Por eso el mandato del artículo 107 de la Ley 99/93 es claro y directo:

“Las normas ambientales son de orden público y no podrán ser objeto de transacción o renuncia a su aplicación por las autoridades o por los particulares”

Soy de los que cree que si no se fortalece el control al cumplimiento de las normas de protección o restricción de uso, el afán de la ganancia terminará destrozando los ecosistemas.

La Naturaleza puede y debe usarse pero no podemos seguir abusando de ella. Si hay algo claro en la ciudad es que por ignorancia, ambición o mala fe se ignora o matiza el efecto acumulativo del impacto ambiental nuevo.

No se valora la capacidad de soporte del ecosistema, en este caso el de la altamente afectada bahía de Cartagena.

Hablo de nuestra bahía interior, el espacio semi cerrado del gran cuerpo de agua que delinea parte de la ciudad y que según el POT tenía en 2001 una extensión de 440 ha.

Hoy, luego de 16 años de rellenos autorizados a la Sociedad Portuaria, a Compas, Algranel, La Suprema y otros –algunos no autorizados- dudo que alcance las 400 ha.

¿Cuánto impactan las miles de toneladas de cada relleno efectuado?

Valga anotar que en el pasado Cardique mediante la Resolución 0254/2004, autorizó a Compas dentro de un Plan de Manejo el relleno de 5 ha y con ello amplió los patios y las operaciones portuarias.

¿Cuánto impactarán las nuevas 4.6 ha que está solicitando Compas?

No lo sé, pero dudo que sea “en nada”, como dice el EIA preparado por Aqua&Terra, firma consultora que, valga recordar, es quien elabora el EIA que en nombre de la expansión portuaria justifica la fractura de la matriz calcárea y el dragado sobre los corales heroicos de Varadero para abrir un nuevo canal de acceso, presentado como Variante del canal de Bocachica.

Dicen que en 8 mil ha que tiene la bahía qué son 5 ha? Con los rellenos que existen hoy en la bahía interior si que puede ser significativo.

Es un dato importante porque rellenar y meter nuevas infraestructuras en los cuerpos de agua, cerrados o semi cerrados disminuye la capacidad de captación de aguas, lo que resulta discutible o incoherente con las políticas de adaptación al cambio climático.

En ellas se alerta sobre la necesidad de no seguir urbanizando las aguas, dado el impacto que puede tener en las orillas de la zona de influencia.

La frecuencia de las calles inundadas por el aumento de la marea en Castillogrande, Bocagrande, el Centro, Manga, el Bosque, Albornoz obliga a no ignorar cuánto ha subido el nivel del mar y el nivel de la amenaza.

Es fundamental tener en cuenta que se trata de la bahía interior, que sus bocas son estrechas y las aguas que van por las lagunas hacia la ciénaga de la Virgen está obstruidas por la invasión de La Unión en los inicios del caño de Juan Angola.

Potenciar el negocio portuario privado, no puede seguir haciéndose sin valorar la capacidad de carga del ecosistema y los riesgos que ello implica para las comunidades.

Sin plan de ordenamiento costero es discutible la conveniencia y legalidad de la acumulación de las “acreciones antrópicas”.

Es vital que se explique cuál es la norma que autoriza volver suelo el mar.
ANLA tiene que tener claro que mantener esa puerta desata el afán de lucro, por el espejismo o la realidad, de la llegada de más carga, lo que invita a que otros puertos aleguen el mismo “derecho” y con el paso de los años terminemos pavimentando la bahía interior.

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