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Punta Canoa, en Cartagena, clama por la presencia del Estado

A pesar de estar rodeado de macroproyectos, dicen estar olvidados por la alcaldía

Los habitantes del corregimiento de Punta Canoa ya no saben qué hacer para llamar la atención del distrito de Cartagena. Apenas se camina por las calles, es común la frase "solo se acuerdan de nosotros en elecciones", y otras tantas que solo denotan una total desconfianza en lo público.

Mientras la inconformidad se esparce, lo hacen con ella los problemas sociales, la falta de infraestructura en salus, la ausencia de escenarios deportivos, la inseguridad y el desenfreno en proyectos inmobiliarios de alto costo que los empiezan a rodear, convirtiéndolos en un oasis de pobreza en medio de un mar de opulencia.

Isbelia Leal, auxiliar del puesto de salud de la localidad y líder cívica, denuncia que desde hace casi 3 años el centro de salud está operando en una casa cultural. La razón, el exalcalde Dionisio Vélez incluyó el puesto de salud del lugar en el paquete de "ampliaciones" que hoy tiene en jaque a más de 20 hospitales en la ciudad. La obra quedó a la mitad y el contratista se fue.

"La UPA Punta Canoa fue reubicada en un salón múltiple donde estamos sin las condiciones necesarias. La construcción inició y nos dijeron que la espera era de 6 meses y nada, ya vamos por 3 años. Hacemos un llamado a que le metan la mano a eso, antes teníamos precariedad, pero cumplíamos con todo, ahora estamos hacinados y no atendemos como debe ser", aseguró Leal.

Los médicos van 2 veces por semana, los odontólogos van 3 veces, al igual que las enfermeras. "Afortunadamente esto es por rachas, en enero y diciembre la atención médica se dispara y tenemos muchísimos problemas para atenderlos a todos. Otros meses son más tranquilos, pero no hay derecho a que nos sometan a esas condiciones", dijo Leal.

Punta Canoa tiene, según su consejo comunitario, unos 1.200 habitantes, de los cuales, la mitad es población flotante que corresponde a trabajadores de los grandes proyectos inmobiliarios que rodean el asentamiento. María de los Ángeles Aguilar, fundadora del consejo comunitario, sostiene que eso le ha traído más daño a la comunidad, que beneficios.

"La responsabilidad social de esas empresas y proyectos llega a cuentagotas o a veces ni llega, mientras tanto los trabajadores viven entre nosotros y son causantes en gran medida de la masificación de conductas como el consumo de drogas, lo que ha ido perjudicando a nuestros jóvenes, lo que trae también inseguridad, y eso jamás se había visto aquí", dijo Aguilar.

Desde el consejo comunitario, han solicitado acompañamiento de la Policía y de Distriseguridad, pero al parecer sus clamores se han ido en saco roto. "Queremos una estación o un CAI de la Policía, queremos cámaras de seguridad como en Cartagena que permita identificar al que vende droga, al que la consume, al que roba. Mientras eso no pase nos quedaremos entre nosotros mismos señalando y todo seguirá peor", puntualizó María.

Y es que la juventud de Punta Canoa se pierde en la droga, según sus propios residentes, por el abandono de escenarios deportivos y parques. Este corregimiento, que hace apenas unos 10 años era el centro del béibol corregimental en el norte de la ciudad, hoy ve cómo su diamante de béisbol, el "José Gaviria", se cae a pedazos, se corroe y se llena de viciosos.

El estadio, entregado por la administración de Guillermo Paniza, sirvió durante muchos años como el punto de encuentro de comunidades como Manzanillo, Tierrabaja, Puerto Rey y Pontezuela. Hoy, es un peligro sentarse en las derruidas gradas porque en cualquier momento puede caer una vieja teja de zinc, oxidada y ocasionar un accidente.

Byron Gómez, un joven beisbolista, quien además es del consejo comunitario, lamenta ver cómo de la grama que otrora vio correr a los prospectos del béisbol, hoy solo queda un arenero. "Hacíamos campeonatos con visitantes de otros corregimientos, ya hace 6 años no se hace nada aquí, da pena ver el estado del escenario", dijo Gómez.

Así, en medio de la desesperanza de un gobierno con el que siente no tienen ninguna empatía, reclaman estas comunidades ancestrales su lugar dentro de la sociedad cartagenera. No hubo campo para ellos, tampoco pasó nada cuando les dijeron 'ahora sí', no vieron ser primero su gente y ahora, tampoco ven la esperanza al final del túnel.

 

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