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Lupa Regional

¿Cartagena de todos?

Columna de opinión de Rafael Vergara Navarro

A raíz de múltiples eventos e informes críticos de medios nacionales que se hacen sobre la ciudad y sus duras realidades, me pregunté y le pregunto a usted sobre su amor por el terruño, la denominada “Cartagena de Todos” y confieso que a mí me genera sentimientos encontrados: identidad, orgullo, indignación y vergüenza. Es un sentimiento que se entremezcla y vuelve caótico, según el hecho crítico del día.

Exalta ser hijo de una ciudad alegre, luminosa, multirracial, moderna, creativa, multicultural y productiva, bella.

Da orgullo valorar el desarrollo económico y social que hemos alcanzado, el crecimiento y avance educativo en cobertura, pese al resultado de las pruebas saber; el ambiente agredido y los paisajes, el ser caribe al que no renunciamos, la movilidad social gracias a la universidad pública y las privadas, la inagotable pasión de la gente; las luchas sociales por sus derechos y la capacidad de sobreponernos o vivir en la crisis.

También estimula la inversión pública y privada que cree y tributa en la ciudad, que es responsable, minimiza su impacto ambiental, compensa y repara la deuda social. No son todos por cierto.

Indigna la injusticia y la opulencia de quienes no miran para abajo, comprobar que el índice de Gini sigue reflejando los 300 mil seres en pobreza extrema y los 55 mil en miseria, la persistencia de la cultura de la incultura, el maltrato del excluido y el poderoso a la frágil naturaleza que los alberga.

Identifican propuestas comprometidas como las Meisel & Ayala para combatir la pobreza y la de Visión Cartagena que agencio sin eco y plantea la necesidad de comprometernos como ciudad y sociedad en un megaproyecto a 10 años que, generando empleo e intensa actividad económica, construya las 26 mil viviendas hoy en alto riesgo, riesgo agravado por el cambio climático.

Desdeño la crítica del que nunca ve avances e indigna el conformismo del más de lo mismo, el silencio cómplice que alienta el daño, el subdesarrollo que arrastra la cadena de antaño. Repudio la impunidad que estimula la maldad, la tolerancia administrativa que ya es rancia.

Identifica saber que Cartagena puede ser de todos si exigimos como ciudadanos consolidar el desarrollo sostenible, planificando, concertando, respetando la ley y exigiendo como Estado que la ganancia que nace del uso de lo público, ante la desigualdad, también favorezca el bien común.

Indignan las concesiones eternas que enriquecen a unos pocos mientras el hambre persiste y los derechos humanos y los de la naturaleza se pisotean.

Sé que para tiempos de crisis es posible una concertación, un liderazgo gremial que en conjunción de intereses, en nombre de la Cartagena de Todos, desde la diferencia, profundice su relación con los sectores sindicales, sociales y comunitarios. Que se comprometa aún más generando empleo y, junto con el Distrito, profundice en la inversión en educación ciudadana y ambiental, y en valores.

Me enorgullece pensar que unidos podremos vencer la enfermedad que nos carcome y padecemos: la corrupción y el clientelismo, conductas que retroalimentan la informalidad y la impunidad.

Para que Cartagena pueda ser de todos tenemos que superar esta constante crisis de gobernabilidad e identificados con la autoridad asumir el compromiso de denunciar y frenar los abusos multiestrato.

Es hora de derrotar la soberbia implícita en quien alega el “derecho a no tener derecho”, sancionando con rigor e imponiendo la legalidad en la vida social.

No más construcciones ilegales, irrespeto a las zonas de bajamar, excesos en Playa Blanca, Tierrabomba, en el transporte ilegal, el ruido, las basuras, el criminal del uso de los escombros, el mercadeo del poder político.

Avergüenza que Cartagena de Indias, cuna de la democracia y la independencia, esté sometida a decisiones tomadas fuera de nuestras fronteras.

¿Será que ser ciudad de todos significa entregar más autonomía a Presidencia, Mintransporte, ANI, Invías, Dimar, Mincultura?

Las ventajas comparativas nos condenan.

Indigna que los Cartageneros no sepamos de decisiones que sin consulta se cocinan en las alturas.

¿Autorizará ANLA a la Sociedad Portuaria Compas las 5 has de relleno en la bahía?

¿Desaparecerán la isla del Diablo y lo dicho por el artículo 50 del POT?

¿Por qué si no hay Licencia para el relleno ya llegó la Draga a la bahía interior?

Esa Cartagena de todos definitivamente no nos gusta

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