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Lupa Regional

El Día de los Inocentes más largo

Opinión de Orlando Oliveros, en Caracol Radio Cartagena.

Pienso en este 28 de diciembre, Día de los Inocentes, en sus mentiras y sus bromas elaboradas para engañar incautos, y no puedo evitar creer que en Colombia hemos vivido un Día de los Inocentes que ha durado todo el año. Incluso más de un año, desde los tiempos del Plebiscito, cuando nos amenazaron con un golpe de estado por parte de las FARC, un rayo homosexualizador, una ideología de género que ni siquiera existía y un tal “castrochavismo” que iba a apoderarse de la nación.

Con la más absoluta ingenuidad, los colombianos nos hemos acostumbrado a creer y a difundir los montajes más inverosímiles, la desinformación más descarada y las noticias que no son noticias. Somos, en la era de la posverdad, un país desgraciadamente representativo, con el Día de los Inocentes más largo del mundo. Para comprobarlo, basta con echar un vistazo a todas las patrañas que nos han contado en estos últimos meses: una mañana de diciembre, poco antes de acabar el 2016, el senador Ernesto Macías comenta en su cuenta de Twitter que el presidente Juan Manuel Santos está pensando suspender las elecciones del 2018 para permitir un gobierno de transición con Timochenko; tiempo después, en junio del año siguiente, el expresidente Álvaro Uribe se escribe a sí mismo por WhatsApp para simular una conversación con un “empresario” preocupado por el acuerdo de paz entre el gobierno y las FARC; luego, en noviembre, la senadora María Fernanda Cabal afirma en una entrevista radial que la masacre de las Bananeras de 1928 es un “mito histórico” inventado por la “narrativa comunista” en Colombia. Por último, en diciembre, el Congreso de la República hunde las Circunscripciones Especiales para la Paz porque las víctimas del conflicto armado que obtendrían las 16 curules en la Cámara de Representantes no serían víctimas sino integrantes de las FARC.

Todo esto demuestra que Colombia es un chiste hecho patria, una broma con fronteras, una inocentada monumental que sufren a diario 45 millones de habitantes. Lo peor de todo es que el nuestro no es un chiste con gracia, que saca sonrisas entre los desvalidos, sino una burla de mal gusto que sólo puede conducir a la pobreza y al fracaso.

¿Piensan que en este país el Día de los Inocentes acabará a la medianoche del 28 diciembre? Pues piensan mal. Lo veremos resurgir, más vigente que nunca, en las campañas electorales que se vienen, entre la propaganda sucia donde la mentira será el pan de cada día y el prejuicio el alimento básico de las propuestas políticas. Volverán los fotomontajes insólitos viralizados como verdades incuestionables, las frases falsas atribuidas a artistas o filósofos, las confesiones apócrifas y el infaltable llamado al odio. Y en ese cruce de información distorsionada y certezas sin comprobar, estaremos los colombianos de siempre, los inocentes, los que no tienen un político en el bolsillo ni gozan de grandes hectáreas de tierra.

Por favor, que alguien nos diga ya “inocente mariposa”, a ver si por fin nos damos cuenta de esta comisión de payasos sin garbo que ha hecho de Colombia un circo que no da risa.

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