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CULTURA

Así era don Carlos Pinto, el coleccionista de música

El empresario murió a los 80 años de edad, en una clínica de Bucaramanga. Alcanzó a tener 10 mil discos de 78 revoluciones en su discoteca que nunca quisieron comprar las autoridades locales.

El coleccionista más importante de música de América Latina, don Carlos Pinto enfrentaba una insuficiencia renal, desde hacía 9 años. Por eso, se sometía a diálisis, tres veces por semana relató su hermano, el pintor y también coleccionista Ómar Mateus.

Hace 15 días debieron recluirlo en la clínica Chicamocha y desde el puente de la Independencia de Cartagena estaba en la Unidad de Cuidados Intensivos, UCI, de ese centro médico.

“Se fue a poner música en el cielo, a desempolvar los volúmenes de su colección de 78 revoluciones por minuto”, dijo compungido Mateus.

Carlos Pinto fue uno de los coleccionistas más importantes de América Latina. En su discoteca, alcanzó a tener 10 mil discos de 78, r.p.m., entre ellos joyas como la primera grabación del himno de Colombia, hecha en 1910.

También, en Argentina, había conseguido el primer himno del Atlético Bucaramanga. Se lo había regalado una hermana de Norberto Peluffo, relató en una entrevista concedida al periodista Puno Ardila, cuando se rumoraba sobre el fin de uno de sus negocios, La Esquinita, un ícono de Bucaramanga.

Don Carlos unió a los coleccionistas de música de Antioquia. Incluso, a uno de ellos, al profesor universitario, William Ponce le vendió su colección.

En el Valle del Aburrá dieron fe del exquisito gusto musical de este bumangués. En la misma entrevista con Ardila, en 1999, recordaba los dos negocios, de su propiedad, establecimientos ubicados en la avenida de las Palmas y en Envigado.

Don Carlitos tuvo otras pasiones, el fútbol y los toros.

En la actividad deportiva se le recuerda como el fundador de dos clubes, el Boca y el Poderoso Antioquia, de los cuales emergieron jugadores profesionales como los integrantes de la dinastía de los García.

Como aficionado a la fiesta de los toros, iba a todas las ferias de Colombia, Venezuela y Ecuador.

Fue un amante de la radio; hacía una sección, en el programa “Pase la Tarde”, con Caracol desde donde dejaba escuchar cada semana, algunas de las joyas más extrañas de su colección musical. Era muy amigo de Juan Harvey Caicedo y de Alberto Piedrahita Pacheco, dos maestros de la radiodifusión. Con ellos compartió tertulias memorables, con música y con aguardiente, en La Esquinita, un establecimiento nocturno, ubicado cerca del Mesón de los Búcaros, en el norte de Bucaramanga. Ahí cerca estaba el restaurante El Portón Paisa, también de su propiedad.

Cuando en 2009, concedió la entrevista a Puno Ardila se lamentó de la falta de interés del Instituto Municipal de Cultura de Bucaramanga para adquirir su colección de música popular del siglo XX. Entonces, la capital santandereana se quedó sin una de las discotecas más completas del mundo. Años después, la región despide al Carlos Pinto, el las Viejitas de la Esquinita, el del Abuelo Pachanguero.

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