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Lupa Regional

Clientelas y Corrupción

Opinión de Rafael Vergara Navarro en Caracol Radio Cartagena.

Lo que como generación nos tocó en suerte es difícil de digerir. De origen, en la Conquista el poder político nace como mercancía -y como fue en el ayer- propiedad personal de quien hoy lo compra o lo gana.

Esa herencia perversa la impuso con su sello de crueldad y deshonestidad Pedro de Heredia, premiado con la cohonestación y homenajeado con el olvido de su maldad.

La impunidad tan cartagenera y responsable, ha blanqueado sepulcros y a seres afamados, unos de tradición política, otros de contratación y dineros legalizados con silencios comprados, miedos, indiferencia social y uno que otro arreglo judicial.

Los poderes grupales o empresas electorales, con excepciones, históricamente impusieron como conducta social callar frente a la consolidación y ejercicio clientelista e ilícito del poder, defendido y hasta rodeado por sectores altos, medios y populares. Rentable y con posibilidad de repartir recursos y cargos han sido movilizadores sociales, permitiendo participar, acceder apadrinados a espacios de poder o para emplearse, recibir pago por servicios, comprar decisiones y compartir licitaciones.

Este modelo de organización político empresarial vital en la privatización de lo público, mueve lealtades y capacidades que en el tiempo ya integra abuelos, hijos y nietos profesionalizados al servicio de las pocas casas políticas que han dominado el escenario de la ciudad.

Dueños de parte del aparato estatal y formalizados como miembros de los partidos políticos, ante la dificultad de ser derrotarlos electoralmente son socios de sectores del empresariado local y nacional y comparten complicidades activas o pasivas por doquier.

La resiliencia nepótica del modelo convirtió en virtud bajar la cerviz, acomodarse y crecer bajo la sombra aportando a la empresa electoral y fortaleciendo así el pequeño poder funcional que además reproduce en su círculo el esquema. La renovación política como puede comprobarse es mínima.

La Cartagena que conozco, en las tres ramas del poder público muestra la captura de los cargos, manejo de intereses, influencias y corrupción, solo así puede explicarse que con tanto escándalo los sancionados o presos sean tan poquitos.

Esta clientelización de amplios sectores de la ciudadanía ha validado la corrupción de lo público al extremo que, de no ser porque la Fiscalía formuló pliego de cargos, la usurpación de funciones del alcalde por parte del primo seguiría, admitida con resignación por los secretarios de Despacho e incluso aplaudida como audacia o derecho a cobrar lo invertido para acceder al poder. Algo así como “sé que es delito pero ajá?

Impresiona ver o escuchar ciudadanos que ante la evidencia de un concierto delictivo articulado desde la Alcaldía para repartirse los cargos de la contraloría Distrital, justifican esos evidentes actos de corrupción como cabildeo natural, minimizando la gravedad de la conducta ilegal. Irrespetándonos afirman sin recato: “siempre se hizo así.

Con el alcalde y su primo, un concejal y la contralora de la ciudad presos, resulta interesante que el alcalde (e) ante 8 concejales sub judice, diagnostique que “la crisis institucional es resultado del accionar desordenado y voraz de nuestras élites económicas, políticas, sociales y funcionales que durante años han considerado que lo público puede ser una empresa para el enriquecimiento personal y el de sus allegados”.

Ese maridaje de las élites con la clase política es artífice de la actual crisis. Las empresas electorales fueron claves en la victoria del populismo llamado Manolo, pero si lo destituyen o renuncia no son corresponsables de la debacle. Hasta se benefician. Nada les pasa y si les pasa se recomponen con las esposas o los hijos, y duele decirlo: cada que las hemos derrotado se repliegan renuevan y fortalecen.

Razón le asiste al alcalde cuando al hablar de las elites y la corrupción no se refiere “únicamente a quienes con el erario público viven en lujosos apartamentos o quienes tienen sendos carros o quienes se decoran a sí mismos con joyas y relojes sino también a los líderes que durante época electoral hacen su agosto negociando con el hambre de su pueblo”.

Derrotar la impunidad y complicidad social permitirá superar la crisis, por eso los ciudadanos no podemos ser inferiores al reto de alzar la voz para exigir acciones y sanciones de la fiscalía y órganos de control. Solo así recuperaremos y fortaleceremos la democracia en Cartagena.

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